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Consejos para ser buen alcalde

'Alcaldeando' es un manual de instrucciones de cómo debe ser un alcalde, cómo ha de tratar a sus vecinos y cómo puede mantener alejados a los corruptos.
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Tras doce años de experiencia en la alcaldía de Arrigorriaga (Vizcaya), Alberto Ruiz de Azúa, ha decidido escribir el libro Alcaldeando, una ‘guía’ para aquellas personas que se presentan a las elecciones municipales del 24 de mayo, una ayuda para que afronten una nueva etapa de su vida con «tranquilidad y sosiego» y para que sepan divertirse, algo que también es necesario en la vida pública.

Más aún cuando de las urnas van a salir «poquitas mayorías absolutas», y, por ello, los candidatos deben ser «muy versátiles y con capacidad de negociación» para que sepan conformar «gobiernos multicolores».

La proximidad al ciudadano es el principal sustento de todo buen alcalde: mantener la cercanía y saber ser visible para recopilar «ideas y sugerencias» que el edil deberá estudiar.

Estar cerca del vecino y del empresario, pero alejado de la corrupción no es una tarea fácil, pues en el mundo de las relaciones políticas no todo son buenas intenciones y actos de buena fe.

Ruiz de Azúa advierte a los candidatos de que no es fácil sentarse a desayunar con «sinvergüenzas» que aprovechan su cargo para «meter la mano en el cajón» o para pagar sus «vicios» con dinero público.

Por ello, es necesario alejarse de las malas influencias y promover un «rearme ético» que implique no sólo a las instituciones, sino también a la sociedad para que adquiera los valores y principios universales de la honestidad y se lo pueda exigir a sus políticos.

Un modo de alejar esas malas tentaciones es reforzar las amistades cercanas, «sin máquinas de por medio» para poder conformar un «cuerpo diplomático de concejales» y conformar un buen equipo de gobierno. Que todos cumplan el requisito de la cercanía y la vocación política.

Aconseja vigilancia para evitar «decepciones amargas» y cita la frase atribuida a Churchill: «En la vida hay amigos íntimos, amigos, conocidos, adversarios, enemigos, enemigos mortales y compañeros de partido».

Según su punto de vista, una de las formas de evitar fracasos dentro de las instituciones es apostar por la transparencia desde pactos y coaliciones que prevengan y obliguen a todos lo implicados a cumplir la premisa de la «no opacidad».

Desde la perspectiva individual de buen alcalde es necesario «retroalimentarse» a base de vocación, ya que serán muchas horas de dedicación y esfuerzo, con altos niveles de presión e incluso una «profunda sensación de soledad».

A ello hay que sumarle la toma de decisiones que deberán ser meditadas para luego poder defenderlas de forma elocuente ante su propio equipo y ante la ciudadanía, que será la principal afectada.

Para ello, se necesita oratoria e incluso un buen estado físico, dice, convencido de que «sin buena forma física no se puede ser un buen líder».

Porque, como concluye la obra de Ruiz de Azúa, si se quiere ser un buen alcalde es necesario «alcaldear» un rato.

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