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Concierto al aire libre

Los que llevamos 80 años viendo fútbol no hemos visto nada semejante a Messi
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La monumental pitada al Rey se confundió al final con los vítores a Messi. ¡Leo al poder!, gritaban casi todos mientras Artur Mas ensayaba la mejor de sus sonrisas, que es la que se parece menos a una mueca. ¿No serán estos abucheos la nueva música del himno nacional? Se lo preguntaban muchos jóvenes que asocian los acordes del símbolo musical con estos ruidos casi unánimes. Los aficionados de ambos equipos se unieron en su protesta para que Felipe VI vaya haciéndose una idea aproximada de cómo es la nación de naciones y de tribus que le espera. El joven monarca pasó un mal rato pero aguantó el tirón, ya que no hubo tiros, y el Gobierno, a través del Ministerio de la Presidencia, condenó la grandiosa pitada al mismo tiempo que manifestaba que «la intolerancia es siempre reprobable», no sin antes anunciar que se reunirá con el comité que se encarga de promover sanciones.

Es la hora del desguace y no hay que preguntarse eso de dónde vamos a parar, porque esto es imparable, como lo es Messi con el balón imantado a sus botas de siete leguas. Los que llevamos ochenta años o cosa así viendo fútbol no hemos visto nada semejante. Ni Pelé, ni el omnipresente Alfredo di Stefano, ni Kubala, ni aquel galgo holandés llamado Wilkes, son superiores a este monstruito con aire de gamberro de barrio. Gracias a él se instaló rápidamente el piadoso olvido, sustituido por el júbilo. ¡Gracias, señor, porque no nos lo merecemos!, que dijo Agustín de Foxá, arrodillado en Las Ventas, cuando Manolete le hizo aquella faena a un toro de Pinto Barreiro. No siempre se está para disgustos, aunque la economía real haya disparado la pobreza y la recuperación que vende el PP no tenga compradores. La vocación de todos es la felicidad, aunque nadie conozca más que la forma de su huida, y este muchacho la repartió entre todos los que consideramos al fútbol como una de las bellas artes, a pesar de la FIFA. Somos como niños, pero como niños pésimamente educados. Hemos dado un espectáculo lamentable. Eso es todo, pero no es el último.

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