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Cuestión de creencias

El ataque a 'Charlie' ratifica que el humor es el arma que más temen los fanáticos
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A los monoteístas, generalmente furibundos, se les está limitando notable y de modo exagerado el territorio de la blasfemia. En la amena edad en la que los dioses, nunca inapetentes, se reunían entre ellos para establecer jerarquías y potestades, si alguien se defecaba en alguno de ellos, la simbólica injuria se diluía. Ya no es posible. La diarrea mental yihadista que ha ensombrecido París, que tardará en ser una fiesta, nos trae locos por culpa de unos cuantos dementes. Ya se sabe que uno hace ciento, pero es que cada vez son más y, entre los que claman venganza, los que quieren vengarse por adelantado, sin haber recibido ofensa alguna, son los más numerosos.

Está claro que lo que más le molesta a algunos creyentes no es la falta de fe en sus verdades reveladas, sino que alguien se ría de ellas. El estremecedor ataque de los dos encapuchados a la sede de ‘Charlie Hebdo’ confirma que el humor es el arma que más temen los fanáticos. Están preparados contra todo menos contra una sonrisa. Voltaire, que era deísta, lo supo, pero hay doce mártires nuevos. Se teme que el atentado islamista sirva de estímulo para la extensa gama de los partidos que utilizan la cruz gamada, en Francia, en Alemania y en el Reino Unido. En España, tan inocente y tan hospitalaria, hemos reaccionado pronto. El llamado «nivel de amenaza» es el mismo hoy que el de hace tres días, antes de que se hablase del «efecto emulación».

Los que no dudamos de que Alá sea grande no quisiéramos que demostrara su grandeza por estos procedimientos. También los dioses debieran respetar su distinguida clientela, ya que siempre llevamos la razón. Además ahora parece que las cosas van a mejor, ya que no empeoran. La fuga masiva de capitales de Grecia ha batido todas las plusmarcas. Ni siquiera el padre de Jordi Pujol pudo hacer tanto por su patria, antes de que su hijo hiciese tanto por edificarla y por desvalijarla.

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