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El superpoder de leer la mente del jefe

Imagina que tu jefe te propone una promoción y tú vas y le dices que sí, a la primera, sin preguntar nada

Alejandro Martín

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El superpoder de leer la mente del jefe

El superpoder de leer la mente del jefe

¿Qué pasaría si tuviéramos el poder de leer la mente del jefe? ¿Te gustaría? Sé que me vas a decir que sí. Pero…, no te precipites. 
Imagina que tu jefe te propone una promoción. Vamos, un poco aquello de: «He pensado en ti para ocupar este nuevo puesto». Y tú vas y dices que sí, a la primera. Sin preguntar nada para no romper el hechizo del momento o parecer descortés.

Pero, ante esta propuesta del jefe, ¿realmente quieres saber lo que está pensando? Estamos hablando de leer su mente, no lo olvides. Bien, ya que hemos llegado a este punto, aventuremos algunas hipótesis sobre ello y después decides:

Opción a) Considera que eres la persona idónea para asumir esa responsabilidad y te va a delegar las funciones suficientes para con ella. Además, te facilitará los recursos necesarios para su ejecución y te ayudará a perfeccionar tus competencias para un desempeño eficiente. 
Esta opción pinta bien. Pero, y sin ánimo de ser agorero, recuerda que es tu jefe, no el gran benefactor. Aunque alguno existe, son un poco como las piedras preciosas: escasean.

Opción b) Piensa que eres una persona con ambición profesional y que no querrás defraudarle.  Por ello, va a exigirte el máximo de responsabilidad sobre los resultados a conseguir, te asignará menos funciones de las necesarias para lograrlos y, finalmente, te hará responsable de la insatisfacción del equipo, aunque él sea el que decide su nivel retributivo.

Esta opción, creo, te gustará un poco menos, ¿es así? En mi opinión, veo cierta desproporción entre responsabilidades, funciones y recursos. Sobre el equipo, ni hablamos.

Opción c) Cree que eres una persona de fácil culpabilizar por todo aquello que no se consiga, que no protestarás ante una falta clamorosa de delegación de funciones y, por supuesto, te conformarás con los mínimos recursos. Además, él mandará directamente sobre tu equipo y, por descontado, te podrá hacer trabajar el máximo de horas posible. Sin tapujos, vaya. Un lío, ¿no?

Creo que hay alguna opción más, pero no merece la pena continuar, empeoraría las cosas. No obstante, ¿no te parece que la primera opción es como si te hubiese tocado la lotería? Y con la segunda, ¿no has pensado que tu jefe es un poco pillo y pide bastante más de lo que da? Tal vez, pero pensarás que los jefes son un poco así. Con la tercera, sospecho que habrás sido consciente de que el engaño y el abuso existen. Vamos, que hay premios envenenados y que tu jefe tiene trazas de envenenador.

Y bien, ¿quieres seguir deseando leer la mente de tu jefe? No te lo recomiendo. Pero sí voy a sugerirte que, si se te ofrece una promoción o algo similar, te cuides mucho de:

  1. Que la responsabilidad que te atribuya sobre los resultados sea acorde con las funciones que delegue en ti para lograrlos. Un desequilibrio sería algo muy incómodo.
  2. Que las funciones delegadas dispongan de los recursos necesarios para su adecuada ejecución. Algo diferente sería insostenible.
  3. Que sobre el equipo influyas, lideres o mandes tú. Lo contrario sería incongruente.

En consecuencia, olvídate del superpoder de leer lo que pasa por la mente de tu jefe, probablemente no te guste lo que piensa, y céntrate en asegurar que exista un equilibrio entre las responsabilidades que te asigna, la delegación de funciones que te encomienda y los recursos que te concede. Lo contrario no es tener mal karma, es que eres un poco… confiado.

Alejandro Martín es profesor colaborador de ESIC Barcelona

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