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Pisar el hormiguero

El mundo, que era un pañuelo, ahora es un sudario. Y lo hemos metido en una coctelera
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Los traviesos dioses se divierten pateando las efímeras criaturas que crearon, que no saben quedarse quietas. La larguísima crisis de Siria ha determinado la plusmarca de inmigrantes en la asediada Europa y es Italia el país más involuntariamente hospitalario. De los 270.000 hambrientos, también llamados “irregulares”, que llegaron al viejo continente, un mayor número corresponde a la divina península. Las mafias criminales han variado su estrategia y utilizan cargueros que a veces abandonan su mercancía en el mar. El Mediterráneo, que se disfraza en ocasiones de lago, se está convirtiendo en un cementerio marino. Y el hombre, que sigue siendo un lobo para el hombre, se transforma en un viejo lobo de mar para algunos hombres que jamás habían visto una orilla.

El negocio es tan bueno que se siguen abriendo sucursales. Hay presos españoles atrapados en Ecuador que esperan desde agosto que se aplique la ley que ordena su libertad. Medio mundo ha decidido moverse y cambiar de país, por si eso les hace cambiar de costumbres y adquieren la de comer un par de veces al día. Curiosamente también hay muchos españoles o residentes en España que quieren irse para combatir con el ejército islámico. El Corán está en internet y las laboriosas mafias planean sus avalanchas diarias en Melilla. Cuando venga la primavera, aunque nadie sepa cómo ha venido, todos sabremos cómo han llegado los nuevos inquilinos. El mundo, que era un pañuelo, ahora es un sudario.

Confieso que mi visión de eso que en los discursos se llama patriotismo no alcanza mucho más lejos que ese sentimiento de que hay que jugar en tu equipo y ser a la vez ciudadano del mundo. Sin duda son manías de la edad, esa desapacible etapa de la vida en la que se tiene derecho a tener manías. Hemos metido al mundo en una coctelera, como la que previó aquel sabio jesuita cuando llegase la antropogénesis. Todo el mundo es del mundo. Somos hermanos de leche, aunque qué leche que vayamos a ser hermanos.

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