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Un líder y siete partidos

Ballesteros ha ganado con un discurso sereno. Su rival, Albert Abelló, ha fracasado
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Ballesteros recibe un efusivo beso de su esposa tras conocer el resultado electoral. foto: Lluís Milián

Ballesteros recibe un efusivo beso de su esposa tras conocer el resultado electoral. foto: Lluís Milián

En mi colegio electoral de la Plaça Imperial Tarraco me salió al encuentro Pau Pérez, que estaba allí en su condición de interventor del PSC. Cuando estudiaba primer curso de Filosofía conoció y trabó amistad con un alumno de primero de Pedagogía, Josep Fèlix Ballesteros. Cuando éste se convirtió en alcalde, en 2007, hace ocho años, llamó a su viejo amigo para que se ocupara de las finanzas municipales. Es lo que seguirá haciendo cuatro años más, después del éxito electoral obtenido ayer por los socialistas en la capital.

Ballesteros ha sido el gran triunfador de la noche electoral en Tarragona. Lo ha conseguido con un discurso sereno, sin apenas apoyos exteriores de su partido y escondiendo de algún modo las siglas del PSC. Es un veterano de la política municipal en la que entró a los 23 años en la lista de Recasens y era un joven inconformista, objetor de conciencia, militante ecológico y contrario a la OTAN que se puso corbata por primera vez en su vida en la boda de Burgasé.

Cuando tiene 55 años, y 32 de experiencia municipal, tendrá un tercer mandato en el que espera poder hacer más inversiones que en estos años de crisis y llevar adelante su apuesta por los Juegos del Mediterráneo de 2017.

Su principal antagonista, Albert Abelló, ha fracasado. La operación relevo de Victòria Forns ha sido un fiasco. La decepción supera incluso a la del PP, y quizá las causas sean parecidas: han quedado salpicados por la corrupción que ha manchado a personajes conocidos de sus ejecutivas nacionales. Además de ello, es una constante que los electorados suelen castigar a los partidos que sufren crisis internas.

Ciutadans ha sido en Tarragona la gran sorpresa. Apenas tenía carteles en las calles y eran claramente más baratos. Ha obtenido resultados muy importantes en Tarragona, Catalunya y toda España. Un fenómeno solo comparable al de Podemos.

La entrada en el consistorio de ERC y el mantenimiento del acta de Iniciativa por Arga Sentís, configuran un arco de siete partidos que promete debates interesantes, aunque menos que los que puedan producirse en el Ayuntamiento de Reus, donde Carles Pellicer ve como la CUP tiene la sartén por el mango, una sartén en la que puede freírse el propio alcalde.

Barcelona y Madrid

La victoria de Ada Colau en Barcelona es una noticia muy notable. A Trías no le han valido ni la campaña de Artur Mas ni la ayuda de la monja Caram. El President de la Generalitat ligó la suerte de Xavier Trías al proceso independentista, diciendo que la capital del país no debería ser ajena a la construcción del nuevo Estado. En los próximos tiempos veremos qué dice Colau; lo que parece claro es que quienes deseaban que las municipales fueran en Barcelona una primera vuelta de las elecciones del 27-S estarán poco animados para hacer la suma de votos CiU, ERC y la CUP. Es cierto que CiU ha ganado en votos en el conjunto de Catalunya, y esta es la buena noticia para Artur Mas, acompañada de otra: ha dejado atrás a ERC, que le había ganado en las europeas. La mala noticia es que CiU no tendrá las alcaldías de Barcelona, Tarragona y Lleida. Solo Girona, con un periodista de alcalde, Carles Puigdemont, es un feudo inconquistable. En Madrid, Esperanza Aguirre quizá no será alcaldesa. El pacto de izquierdas es muy probable. Es un símbolo del terremoto que sacudió ayer la política nacional en su conjunto, con el PP avanzando al PSOE en el conjunto de votos de todo el Estado, pero con el partido de Rajoy perdiendo todas las mayorías absolutas en las autonomías donde las tenía. Es la hora de los pactos y el PP nunca se ha caracterizado por destreza en este terreno. Rajoy tendrá un final de legislatura cuesta abajo, mientras Sánchez se verá reforzado, pese a que el panorama, con Podemos y Ciudadanos en alza, es del todo imprevisible para dentro de unos meses.

Ahora, a esperar las elecciones catalanas de septiembre y las españolas de noviembre. Considerando que no tenemos el dret a decidir, no nos faltan ocasiones de votar a quien queramos.

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