El 4 de abril de 1949, ante la expansión de Stalin en el Este, se firmó en Washington el tratado fundacional de la OTAN. La Alianza Atlántica, como también se llama, tiene la sede en Bruselas y la forman 32 países. Su finalidad se resume en el compromiso de defender a cualquiera de sus miembros que sea atacado por una potencia externa.
Ha tenido que llegar Donald Trump a su segunda y alocada presidencia, para que se plantee una pregunta insospechada durante 75 años: ¿Y si el que ataca a un país de la OTAN es otro de la misma OTAN? Tal sería el caso de la ocupación americana de Groenlandia, isla que pertenece a Dinamarca.
En tal caso la Alianza entraría en crisis. El Pacto de Varsovia, que fue el antagonista durante las décadas de la Guerra Fría, se disolvió en 1991, tras la caída del Muro de Berlín. Que a la OTAN no le ocurra lo mismo.