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Las ventas en los mercadillos de Reus se desploman y el sector ya da por perdido el verano

Los paradistas prevén alcanzar, en el mejor de los casos, un 20% del negocio de 2019. Pese a bajar precios, la falta de turistas y el miedo de los mayores al virus lastran la recuperación

MÓNICA PÉREZ

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La organización de las paradas se redefinió para garantizar la distancia entre personas y el modelo se sigue aplicando todavía. FOTO:ALBA MARINÉ

La organización de las paradas se redefinió para garantizar la distancia entre personas y el modelo se sigue aplicando todavía. FOTO:ALBA MARINÉ

«La cosa no había ido tan mal hasta junio, teníamos cierta esperanza, pero a partir de Sant Joan hubo una bajada radical», explica el secretario de la Associació de Marxants de la Província de Tarragona, Lluís Salvat, que precisa que «este verano está siendo peor que el anterior y casi que podemos decir ya que lo damos por perdido». En los mercadillos de Reus, como ocurre en la mayoría de los de la demarcación, «no se ve gente y, a menos público, hay menos posibilidades de vender algo». Los paradistas achacan la situación a la falta de turismo, que al menos hasta ahora está llegando con cuentagotas, y al miedo a la Covid de los compradores en general y de un perfil concreto, el de las personas mayores. Todo ello ha provocado una caída importante del negocio y «si logramos un 20% de las ventas que hubo en 2019, prácticamente tendremos que darnos por satisfechos porque esto tiene mala pinta».

El año pasado, el ‘boom’ que acompañó al desconfinamiento fue una ayuda para intentar equilibrar, en cierto grado, lo que se había perdido hasta entonces. Pero ahora «no se ha dado un pico como aquel y todo va para abajo». La Associació de Marxants fija en un 40% de todo el año la facturación que se hace en verano y calcula que el 90% de las compras de este período las hacen visitantes que pasean por el mercadillo. Algunos han bajado precios, pero «tampoco sirve de mucho». Los paradistas se encomiendan al invierno y, «si eso tampoco funciona, entonces ya apaga y vámonos».

«Si la gente trabaja y gana dinero, compra; pero muchos han perdido su empleo y eso repercute en nosotros», lamenta Joaquim desde su puesto en el mercadillo alrededor del Mercat Central. Solo unos metros más allá, otra vendedora indica que «el verano está resultando ser muy malo, fatal, peor que el año pasado y eso que en aquel momento no hubo nada» y apunta que «los que se acercan aquí van de paseo pero nadie compra porque mucha gente no tiene ni para comer». Para Enrique Jiménez, «uno de los grandes problemas es que no hay turismo, el turismo que viene no tiene dinero y los españoles tienen menos todavía». Ante esto, «subsistimos como podemos», añade, y explica que «se ve quizá menos de la mitad de gente y quien viene solo compra lo que necesita y pasa con lo que tiene». «El fabricante nos va subiendo los precios y nosotros tenemos que mantenerlos o incluso bajarlos, así que estamos al límite; algunos han tenido que dejar su parada», asegura. Y es que ahora «trabajamos más, le echamos más horas y quitamos gastos de donde sea».

«Nos lo preguntamos nosotros mismos, lo comentamos en el mercado:¿Cómo puede ser que venga tan poca gente?», apunta Antonio Cortés desde su parada, que dice que «vamos al día». La ropa interior, el género que ofrece, «está mal porque lo estamos todos y, aunque ponemos los productos más baratos, casi que no ayuda». «La pandemia y el miedo seguro que tienen mucho que ver», especifica María Cortés, que concreta que «no viene la gente que tendría que venir, estamos peor que el verano pasado y no es lo que esperábamos». Su negocio es de ropa de casa, uno de los que, en principio, más salida tuvo en el inicio de la pandemia. Pese a esto, «no vendemos, la gente está yendo a centros comerciales, no viene».

«Los vecinos de los pueblos que solían venir más, no bajan», detalla Pedro Gómez, que dice que «todo es muy raro, incomprensible». Aunque venden artículos de cocina, «el año pasado funcionamos, nos fue decente, pero ya no». «Mucha gente compra por internet y esto ha hecho daño», expresa, y recuerda que «nosotros pensamos que es mejor ver aquí lo que compras, tocarlo, poderlo cambiar si no te va bien». Desde su parada de plantas, Joan Roig explica que «cuando la gente estaba en casa, vendimos porque querían tenerla arreglada, pero ahora la tendencia es salir». «También hay miedo, y muchos se han acostumbrado a hacer vida en un radio reducido», concluye.

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