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Los supermercados tejen nuevas tramas urbanas en Reus

Munta i Baixa. Más aperturas. El impacto del futuro Mercadona del paseo Misericòrdia es predecible viendo los efectos en la movilidad del nuevo del Niloga

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La rotonda entre Onze de Setembre y General Moragues, el Mercadona y el nuevo complejo residencial en construcción. FOTO: ALFREDO GONZÁLEZ

La rotonda entre Onze de Setembre y General Moragues, el Mercadona y el nuevo complejo residencial en construcción. FOTO: ALFREDO GONZÁLEZ

L os estudios sobre la evolución del comercio revelan que los cambios en el sector de la gran distribución alimentaria han incidido no sólo en el formato de la oferta, sino también en los hábitos de consumo de alimentos. Esto resulta bastante evidente a partir de los años noventa, cuando las rápidas transformaciones que experimentaron tanto la industria como la distribución alimentaria se impulsaron mutuamente, a la vez que repercutían de forma directa sobre los consumidores.

La metamorfosis más visible fue la expansión de los supermercados y las medianas y grandes superficies. Si, cuantitativamente hablando, el consumo de alimentos ya había tocado techo en los años ochenta, las nuevas dinámicas comerciales desplazaron las preferencias y el gasto hacia los productos elaborados y semielaborados y llenaron la cesta de la compra de aguas minerales, zumos, refrescos, derivados lácteos, conservas de pescado y un largo etcétera de artículos que anteriormente tenían mucha menor presencia en las neveras y despensas familiares.

La gran distribución, las cadenas que la controlan y el cambio de modelo comercial que conllevan han tenido también un impacto notable en el desarrollo urbanístico de las ciudades. Reus es un buen ejemplo, como en los últimos años se ha hecho especialmente visible en las coronas exteriores de su casco urbano.

Recordemos que el primer hipermercado llegó a Reus en 1991. Fue el Carrefour –entonces Pryca– de la avenida Marià Fortuny. Pocos años después abrió el primer Mercadona. En este caso, Reus fue la segunda ciudad catalana en acoger a la marca valenciana, después de Lleida. Curiosamente, Reus había sido cuna de una de las cadenas de supermercados pioneras en España, promovida por los hermanos Rodríguez, a partir de la cual crearon uno de los grandes grupos de distribución del país: Distribuciones Reus, SA (Dirsa). La empresa se convirtió en objeto de deseo cuando se desató la revolución del sector. En 1988, Dirsa fue comprada por Tabacalera, que posteriormente la vendió al BBVA y al poco tiempo volvió a cambiar de manos para pasar al grupo Día. Así pues, Reus asistió al boom de la gran distribución minorista sin ningún operador local potente.

Nuevos proyectos sin cesar

Un cuarto de siglo después, el sector continúa en ebullición y la oleada de nuevos proyectos no se detiene. Y eso que el listado de aperturas registradas en los últimos años es largo. A día de hoy, Mercadona acaba de comprar el gran solar de la antigua sedera del paseo de Misericòrdia para abrir un nuevo establecimiento de grandes dimensiones, Aldi avanza en la construcción de su nuevo supermercado en la confluencia de la carretera de Salou con la calle Flix y el Ayuntamiento mantiene negociaciones con varios grupos interesados en instalarse en el nuevo Mercat del Carrilet, si finalmente se ejecuta la ambiciosa reforma prevista.

En este carrusel de proyectos de envergadura, el de Mercadona en el paseo de Misericòrdia será el de mayor impacto en el tejido urbano, porque tendrá consecuencias relevantes en la movilidad, la actividad y, en definitiva, el paisaje humano de los barrios Monestirs y Mas Vilanova. Probablemente, los flujos de viandantes y vehículos que acogerá el viejo, tranquilo y emblemático paseo que une la Pastoreta con el santuario de Misericòrdia no tendrán nada que ver con los actuales.

Un buen ejemplo de la incidencia de estas grandes superficies en su entorno inmediato es, precisamente, el último Mercadona que ha abierto en la ciudad, en este caso en el barrio Niloga, junto al puente de la vía. El tráfico rodado y peatonal que acumula la rotonda entre la avenida Onze de Setembre y la calle General Moragues es el efecto más visible, hasta el punto de que a medio plazo el Ayuntamiento tiene claro que deberá tomar medidas para descongestionar la circulación en la citada rotonda y la de la plaza Almoster. Recordemos que esta última es paso casi obligado de todo el tráfico que se genera entre Reus y las zonas residenciales de la carretera de Castellvell y los municipios vecinos de Castellvell y Almoster.

La solución que desde hace ya tiempo se apunta desde el gobierno municipal es dar salida al Passeig Nord y conectarlo definitivamente con la zona noreste, lo que permitiría derivar parte del trafico que actualmente confluye en la plaza Almoster. Pero esta es una obra de envergadura que no está contemplada a corto plazo.

Todo lo cual constata como estas medianas y grandes superficies son un actor urbanístico de primer orden por sus efectos sobre el entramado urbano y el día a día de los ciudadanos.

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