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París exhibe el Mont-roig de Miró

Exposición. La capital francesa reúne 150 obras del artista, muchas creadas o inspiradas en el municipio del Baix Camp

Javier Díaz Plaza 

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La exposición ‘Miró, el color de mis sueños’ está en uno de los edificios más singulares de París.  Foto: Fundació mas miró

La exposición ‘Miró, el color de mis sueños’ está en uno de los edificios más singulares de París. Foto: Fundació mas miró

«Mont-roig es para mí como una religión. Es el choque preliminar al que siempre vuelvo», decía Joan Miró (Barcelona, 1893 - Palma de Mallorca, 1983). Su estrecha vinculación con este municipio del Baix Camp está muy presente en la exposición sobre el artista que el Grand Palais de París acoge hasta el 4 de febrero. La muestra, titulada Miró, la couleur de mes rêves (Miró, el color de mis sueños), es una retrospectiva compuesta por 150 obras, entre pinturas, dibujos, cerámicas y esculturas. Está comisariada por Jean-Louis Prat, director de la Foundation Maeght durante 35 años y amigo de Miró.

«Las referencias a Mont-roig son constantes en la exposición. La obra más icónica es La masia (1921-1922). En las primeras salas se pueden contemplar magníficos paisajes como Hort amb ase (1918), La casa de la palmera (1918) o Mont-roig, l’església i el poble (1919), así como diferentes interiores de la masía como El cavall, la pipa i la flor vermella (1920) e Interior (la masovera), (1922-1923). Otras pinturas expuestas, como los llamados paisajes imaginarios, también fueron concebidos y ejecutados en Mas Miró», explica Elena Juncosa, directora de la Fundació Mas Miró de Mont-roig.

La muestra reúne obras pertenecientes a colecciones particulares y de museos de todo el mundo: la National Gallery of Art de Washington, el Museo de Arte de Philadelphia, el Museo Nacional de Arte Moderno de París Georges Pompidou, el Moderna Museet de Estocolmo, la Fundació Joan Miró de Barcelona o el Reina Sofía de Madrid. «Descubre las raíces de su obra y permite seguir las pistas de su proceso creativo, en constante renovación. El título El color de mis sueños hace referencia a Miró como un soñador subversivo; de hecho el propio artista declaró: ‘Yo no sueño nunca por la noche, sino en mi taller, es cuando trabajo que estoy en pleno sueño’», asegura Juncosa.

Mont-roig tiene un papel fundamental en ese proceso creativo. «Fue donde Miró decidió que se dedicaría a la pintura en contra de los deseos de su padre, y de donde nace toda su fuerza creativa. Todo empezó en Mont-roig. Miró era un artista conocido por sus silencios legendarios, pero cuando le preguntaban sobre qué significaba esta tierra para él siempre era contundente: ‘Toda mi obra ha sido concebida en Mont-roig», cuenta Juncosa.

Fue fiel a este municipio durante toda su vida. Salvo en el transcurso de la Guerra Civil, pasaba temporadas en Mas Miró cada año. Su vínculo va más allá de la interacción con el contexto social y cultural o de la influencia del medio físico. Muchos autores lo han definido como una relación casi telúrica, pues nace del contacto directo del artista con la tierra, con la naturaleza, con ese paisaje tan austero de Mont-roig, guiado por el ciclo de la naturaleza y el trabajo de los payeses. 

«Su esencia aún perdura»

«Mont-roig ocupa un papel esencial dentro del universo mironiano, es el paisaje que Miró cogerá como medida y escala del resto del mundo. Tanto sus conceptos pictóricos como su lenguaje están arraigados a la tierra y a la cultura catalanas», apunta la directora de la fundación.
Miró no habría sido quien fue son Mont-roig, y viceversa. «No hay estudio sobre él que no hable de Mont-roig y su estrecha vinculación con esta tierra. No se puede entender su obra sin reconocer su catalanidad, plasmada y vinculada directamente con la tierra de Mont-roig. Su esencia aún perdura aquí, donde se despoja de todo lo superfluo, se sensibiliza y se empapa de las cosas más básicas. Mont-roig fue un entorno donde Miró se expresó siempre con absoluta libertad», dice Juncosa.

La huella del artista todavía está visible en un territorio que, con excepción de la autovía que lo cruza, se conserva atemporal e inalterable. «Aún se puede pasear por los campos de algarrobos, bajar hasta la playa de La Pixerota o subir hasta La Roca y contemplar Sant Ramon en equilibrio tal y como lo vio y plasmó Miró», añade. 

Desde el pasado mes de mayo también se puede visitar su célebre masía, Mas Miró, que se conserva prácticamente tal y como el artista la dejó en 1976, el último verano que trabajó en ella. Allí se encuentra el primer taller que se hizo construir a finales de los años 40 para trabajar la escultura. «Miró es una oportunidad única de promoción para el municipio. Estar ligado a esta figura universal puede generar un gran beneficio», señala Juncosa.

De hecho, la apertura de Mas Miró ha llegado a publicaciones de todo el mundo. «El relato territorial que difundimos desde la Fundació sobre la figura de Miró, así como su intensa experiencia vital y emocional con Mont-roig, nos ha permitido generar un producto turístico cultural de primer orden que asocia la imagen del municipio a uno de los artistas más reconocidos a escala mundial. Creo que no es descabellado decir que gracias a Miró ahora Mont-roig es más conocido, sobre todo para los amantes del arte»

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