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Quejas vecinales por botellones, ruidos e incivismo en varios parques y plazas de Reus

Residentes cerca del parque de la Olla piden cerrarlo de noche porque «no dejan descansar» y en St. Josep Obrer reclaman patrullas. Cientos de jóvenes bebieron en el Santuari el sábado

MÓNICA PÉREZ

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El presidente de la AV I de Maig, Eduardo Navas, muestra botellas y restos de comida alrededor del Centre Cívic Mas Abelló, ayer. FOTO: A. MARINÉ

El presidente de la AV I de Maig, Eduardo Navas, muestra botellas y restos de comida alrededor del Centre Cívic Mas Abelló, ayer. FOTO: A. MARINÉ

Vecinos del entorno de la avenida de Bellissens, la de President Macià y la calle Maria Mercè Marçal piden que el parque encajado en esta isla, el de la Olla, se cierre por las noches. Denuncian botellones y consumo de droga a última hora del día, así como molestias por ruidos y basura desde hace tiempo. El problema no es nuevo y no solo se da en este punto: por su parte, los vecinos del entorno del Centre Cívic Mas Abelló señalan restos de botellas, jeringuillas y preservativos en la plaza que rodea al equipamiento, donde también hay columpios y juegos para los niños. Quieren que reabra la comisaría de proximidad de la Guàrdia Urbana que prestaba servicio a la zona, inactiva desde la Covid-19, y patrullas a pie.

Detrás del Santuari, se celebró este sábado un ‘macrobotellón’ con centenares de personas, tal como confirman fuentes de la policía local, que relacionan estos hechos concretos con la Festa Major y los califican de «puntuales. El sábado, tanto la Urbana como Mossos montaron un dispositivo conjunto a la entrada de la concentración y «decomisaron todas las botellas de alcohol que localizaron». Solo la Urbana levantó 20 actas por decomiso de alcohol, 6 por consumo, una por orinar, dos por alteracón del orden y una por falta de respeto.

Quienes viven cerca del parque de la Olla se quejan de que «más que una zona infantil, esto se ha convertido en un lugar en que hay gente que viene a beber y a poner música, y desde luego los últimos que usan los juegos son los niños». Lamentan que «a menudo es difícil descansar», que «hay restos de envases de comida y bebida por el suelo» y que «el olor de la marihuana sube a los pisos». Por eso, muchos opinan que aplicar un horario de acceso regulado «podría ayudar a acabar con esto».

En Reus, una decena de parques están cerrados al público desde última hora del día hasta la mañana. En general, no se permite el acceso a partir de las ocho de la tarde. Un operario municipal va plaza por plaza revisando que no quede nadie antes de echar el cerrojo. Así, el Ayuntamiento trata de combatir el incivismo, y obtiene resultados. El presidente de la Federació d’Associacions de Veïns de Reus (FAVR), Marcos Massó, valora que «si los vecinos quieren cerrar el parque, es por algo», aunque «antes, hay que mirar todas las soluciones».

Domingo Castellà, que suele pasear a su perro por el parque de la Olla, explica que «al atardecer ya se ven por aquí restos de haber bebido y comido». «No son botellones masivos, pero sí hay gente que se pone a beber y luego ni siquiera recoge; he llegado a ver envoltorios de menús completos del búrguer», indica, y añade que «tras los matorrales de una de las paredes de la plaza, se fuma droga». «Quizá cerrarlo por la noche sería positivo», opina. Una vecina, que prefiere no aportar su nombre, dice que la Olla «está fatal porque hay basura y porque a las tantas viene gente y hace botellón, de madrugada no se puede dormir y perdemos el descanso». Además, «tiran petardos» y también, por las mañanas, «vemos a personas que duermen en los bancos».

«Solo hemos podido estar tranquilos en el confinamiento», indica otro propietario de la zona que no quiere hacer público su nombre y que detalla que «a algunos vecinos les han saltado a la planta baja de noche y les han robado». El botellón, que «trae música y ruidos», lo vincula a la actividad de varios supermercados con horario ampliado, y detalla que «ahora, parece que han atenuado las farolas y eso es peor, porque de noche todos los gatos son pardos». «Hay que cerrarlo de noche como otros», pide.

En cambio, Núria señala que «sí que hay bolsas de patatas o bollería, pero como en cualquier otra parte, porque la gente no es cívica» y destaca la importancia de que el parque esté abierto «si, por ejemplo, el perro no se encuentra bien y tengo que bajarlo». A la Guàrdia Urbana le constan incidentes en años anteriores y anima a denunciar. También indica que «Reus no tienen un problema importante con los ‘macrobotellones’, aparte de casos puntuales de pequeñas agrupaciones de jóvenes vinculadas al ocio nocturno» y que la policía local los «controla con campañas de colaboración con el sector del ocio nocturno por las molestias que causan a los vecinos».

De bancos de iglesia a tumbonas

Por otro lado, en el parque donde se ubica el Centre Cívic Mas Abelló hay botellas, jeringuillas y pequeñas bolsas, mecheros y preservativos usados. «Hasta un banco de la iglesia encontramos aquí, y tumbonas, un día que quisieron ponerse cómodos», explica Eduardo Navas, presidente de la Associació de Veïns I de Maig de Mas Pellicer, que indica que suelen llevarse a cabo botellones en los muros de piedra bajo el Parque de Bomberos y tras unos matorrales que dan a las vías. De hecho, un miembro del cuerpo, que por su labor ve diariamente esta zona, apunta que es «habitual y continuo» encontrar restos de las celebraciones allí. Navas reclama «que reabra la comisaría de proximidad de la Urbana, que lleva ya cerrada un año y medio» o «por lo menos pase más la policía, que ya sabe que hay esto aquí». La reapertura de estas comisarías aún no tiene fecha.

En su caso, Navas aclara que «no queremos que se cierre el Mas Abelló, tiene que estar abierto, pero hay que poner fin a esto porque pasa desde hace años». El botellón «también está presente en todo Sant Josep Obrer» y «eso es así porque la gente es muy consciente aquí de que nadie vigila y de que, haga lo que haga, no va a pasar nada». Por los alrededores del Centre Cívic «muchas personas pasean a los perros, hay niños, y tener aquí cristales y jeringuillas es un peligro», añade, y dice que «la solución no es mandar al pobre barrendero, que ya estará harto, a que limpie esto cada día; la solución la tiene que poner la Guàrdia Urbana». Massó destaca que «la juventud quiere salir, no quiere estar encerrada, y a veces no es consciente de que Reus es también su ciudad y falta civismo».

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