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Herederos de un legado cosmopolita y dinamizador

La ciudad empezó a modernizarse y, paralelamente, la plaza se urbanizó y fue cobrando vida gracias a los burgueses emprendedores, los comercios y entidades

| Actualizado a 02 octubre 2022 08:53
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Un espacio cuadrangular cuyo centro preside una estatua ecuestre del General Prim, en un bronce oscuro que contrasta con el mármol, una combinación cromática que la caracteriza. Además, de las palomas, la gente mayor descansando en los bancos, la multitud con prisa, los niños jugando y las terrazas llenas; su identidad está en la fachada norte, reminiscencia de lo que un día fue.

Desde las estructuras originales a los porches, la plaza de Prim cuenta una historia que no puede caer en el olvido. Un lugar de paso y de encuentro, que ha cambiado mucho con el tiempo, pero que sigue siendo «hogar» de entidades como El Círcol. Su presidenta afirma que la ubicación «les da ese sentimiento de pertenencia a la ciudad» y que «no sabrían estar en ningún otro sitio».

Es más, el legado de la asociación local va estrechamente ligada a la historia de la plaza, pues contribuyó a la riqueza e internacionalización de Reus.

Lo que fue y lo que es

El edificio actual de El Círcol era un Convento de las Carmelitas, que ocupaba desde la calle Boule hasta media plaza. En 1868, con la desamortización, las monjas fueron expulsadas definitivamente y una serie de socios de la entidad compraron los terrenos.

Estos burgueses empezaron a construir la que sería la nueva ubicación de la asociación –situada desde 1852 donde está hoy en día el Centre de Lectura– y también erigieron el edificio Beringola y el del comerciante textil Leopoldo Suqué. Ambos edificios, del mismo color, otorgan un aspecto simétrico junto a las características balconadas del edificio que alberga El Círcol y el Teatre Fortuny.

Estas obras supusieron que se «ampliase la urbanización de Reus, que llegaba solo hasta el Tomb de Ravals, para convertirla en una ciudad cosmopolita», describe Tarradellas. Así, se empedró la plaza de Prim y se instaló el alumbrado público, orientándose al «paisaje» más moderno que conocemos ahora.

A su vez, las nuevas edificaciones permitieron «mover el polo económico y social de la Mercadal», añade la presidenta de El Círcol, señalando el protagonismo que tomaron el Hotel Londres, el casino y la Lonja de Reus en el desarrollo de la plaza y, en consecuencia, de la ciudad.

En contraposición a este esplendor, el entorno vivió momentos difíciles durante la Guerra Civil, como una de las «dianas» de los bombardeos aéreos. Precisamente, desde El Círcol han sido testigos de cómo las situaciones políticas e históricas afectaban a la ciudadanía. Y, también, sufrieron las consecuencias: en 1936, el PSUC y la UGT confiscaron el edificio y colgaron retratos de Marx y Lenin para marcar su propiedad, después de la guerra serían los franquistas los que tomaron el relevo con imágenes de Franco y Primo de Rivera.

Ambos bandos quisieron apropiarse de la sede de la entidad
–que representaba el poder de la sociedad civil– y, como cuenta su presidenta, «los socios de El Círcol tuvieron que luchar mucho para que volviese a ser suyo».

Referencia incontestable

Si retrocedemos sus 170 años de historia, la asociación se fundó a partir de la pequeña burguesía del siglo XIX, que siguió la estela emprendedora y socialmente activa de Europa, y logró hacer de Reus la segunda ciudad de Catalunya. Por ello, los inicios de El Círcol se corresponden directamente con los inicios de su modernización.

Como herederos de ese legado, desde la entidad reivindican el patrimonio local que es el Teatre Fortuny, del que son «guardadores», y que es un referente cultural incontestable del país.

A su vez, fomenta un fuerte vínculo con los y las reusenses, pues la población y El Círcol han evolucionado de la mano, adaptándose al contexto de cada momento. Es más, Patricia Terradellas afirma que «rompió el techo de cristal cuando entró en la junta».

La primera presidenta de la asociación destaca que se trata de un espacio abierto para todos y, con ello, comparten su vista privilegiada de la plaza de Prim con aquellos que quieran velar por la cultura social reusense.

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