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El día que el Partido Andaluz le ganó a AP en Reus y Tarragona

Las elecciones en Andalucía invitan a recordar los episodios más relevantes del andalucismo en Catalunya, sorprendentes desde la óptica actual

| Actualizado a 19 junio 2022 12:24
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Decía Antoni Coll en una de sus Plumillas de esta semana que «se ha abusado tanto de ‘día histórico’ para múltiples fechas, que el 15 de junio de 1977 puede parecer uno más, pero ese lo fue realmente». Ni más ni menos que las primeras elecciones democráticas desde 1936. Coll conoció a todos sus grandes protagonistas y 45 años después sigue admirando «su mayor logro: el consenso».

La valoración histórica de la transición del franquismo a la democracia está hoy en revisión, sobre todo vista desde el lodazal de conflictos políticos de la España actual, pero incluso desde una perspectiva crítica hacia sus herencias, el consenso emerge como el mejor legado de aquella época.

Uno de los ejemplos más insólitos estuvo protagonizado por el andalucismo en Catalunya y el nacionalismo catalán. Hoy, que se celebran elecciones autonómicas en Andalucía, es un buen día para recordarlo

El Partido Socialista de Andalucía-Partido Andaluz (PSA-PA) de Alejandro Rojas Marcos se planteaba implantarse en Catalunya. El argumento era «la insuficiencia de los partidos catalanes tanto en el tratamiento de la importante minoría andaluza en Cataluña, como respecto a los compromisos de solidaridad y ayuda con el pueblo andaluz». Los andalucistas recordaban «la extraordinaria aportación de fuerza de trabajo que el pueblo andaluz ha hecho a Cataluña en los últimos treinta años».

Del mismo modo que hablaban de «la marginación social y laboral de las masas de inmigrantes» y de la carencia de «órganos de defensa comunitaria específicos para los inmigrantes», apoyaban abiertamente la reconstrucción política de Cataluña «tras cuarenta años de represión y arrasamiento».

En éstas apareció el libro de Jordi Pujol La inmigració: problema i esperança de Catalunya, publicado a finales de 1976. Sus polémicas afirmaciones azuzaron la cuestión aunque, curiosamente, de manera mucho menos encendida que su relectura cuarenta años después, durante el proceso independentista.

El acuerdo electoral de 1977

La controversia se zanjó de la forma más insospechada. El líder de los andalucistas catalanes, José Acosta Sánchez, profesor de Derecho Político de la Universitat de Barcelona, llegó a un pacto con Pujol y se incorporó como número siete de la candidatura del Pacte Democràtic per Catalunya (coalición alrededor de Convergència, pero de amplio espectro ideológico) en las elecciones del 15 de junio de 1977.

La decisión fue muy controvertida y no faltaron acusaciones de compra de voluntades, pero Acosta era el verdadero artífice del PSA-PA en Catalunya y la dirección del partido no se atrevió a enfrentarse con él. La jugada de Jordi Pujol, que también levantó ampollas en su entorno, no solo le ayudaba a zanjar la agria disputa sobre su libro, sino que perjudicaba al PSC, principal rival político y depositario de muchos votos de inmigrantes.

José Acosta se quedó a un escaño de ser diputado en las Cortes constituyentes por la coalición catalanista, pero su principal objetivo político estaba en lograr representación andalucista en el Parlament de Catalunya una vez aprobado el Estatut.

El las primeras elecciones autonómicas del 20 de marzo de 1980, el PSA-PA logró 71.841 votos (2,6%) y dos escaños por Barcelona (Francisco Hidalgo y José Acosta), situándose como la sexta fuerza política más votada.

Su principal granero fue el área metropolitana de Barcelona, seguida de la circunscripción de Tarragona, donde obtuvo 4.345 votos (1,9%). Aquí, la lista encabezada por Manuel Amador, Emilio Sáez y M. Carmen Huete no consiguió representación.

El dato más sorprendente fue que tanto en Tarragona como en Reus obtuvo más apoyos que Alianza Popular (AP) –reconvertida después en el actual Partido Popular (PP)–, que en esos comicios se presentó en Catalunya bajo la marca Solidaritat Catalana y cuya candidatura por Tarragona estaba encabezada por un peso pesado como Juan Manuel Fabra.

Los andalucistas recabaron 1.483 votos en la ciudad de Tarragona y 819 en Reus, un resultado notable, especialmente en la capital provincial, aunque alejado de las cinco formaciones mayoritarias (CiU, PSC, PSUC, ERC y UCD).

El devenir del PSA-PA fue convulso y sólo volvieron a presentarse en Catalunya en las generales de 1982, con un resultado ya residual.

De su actuación en el Parlament destaca su apoyo a la Llei de Normalització Lingüística del catalán. Los andalucistas convinieron que la inmersión lingüística era el único sistema que aseguraba que los niños dominasen tanto el catalán como el castellano y el diputado Hidalgo consideró que esa era la única linea posible para asegurar la integración de los jóvenes andaluces.

El consenso del que hablábamos al principio se traducía en avances como éste.

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