El Terrat, una oda a los sentidos

Excelencia. Moha sorprende por sus creaciones atrevidas e innovadoras. Y por el producto. Es uno
de los mejores chefs jóvenes de Catalunya

FRANCESC TORRENTE

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Moha, en el comedor principal de El Terrat donde ofrece una carta variada. FOTO:  PERE FERRÉ

Moha, en el comedor principal de El Terrat donde ofrece una carta variada. FOTO: PERE FERRÉ

Francesc Torrente

Texto de Francesc Torrente
Periodista, restaurador y vicepresidente de la Academia de Gastronomía de Tarragona
francesctorrente@gmail.com

Ver a la gente irse feliz es el mejor premio». Con esta frase Moha, propietario, cocinero y genio del Restaurant El Terrat de Tarragona nos descoloca, y define a la perfección qué es y qué representa. Moha podría tranquilamente colocarse la medallita de celebrity, teniendo en cuenta que entre otras cosas ha sido seleccionado por la revista ‘Cuina’ como uno de los mejores chefs jóvenes de Catalunya. De carácter humilde, no se obsesiona con las metas, pero sí con el día a día; y con la excelencia por bandera sorprende a todos por sus creaciones atrevidas e innovadoras. Y producto. Una oda a Tarragona en la que su tierra y su mar está presente en cada bocado, en cada aroma y en cada sorbo, sin dejar de lado sus orígenes en Nador.

El Terrat nos ofrece una carta variada y tres tipos de opciones diferentes. Un menú esencia, un menú degustación mar y tierra; y por último un menú Territorio; de 40, 65 y 110 euros respectivamente. Decir que el menú territorio nos dio más respeto que la defensa del Milan de Sacchi y nos decantamos por el Mar y Tierra. Al hallarnos en buenas manos nos dejamos aconsejar por Cristina, una gran sommelier y defensora a ultranza de los vinos y cavas de la tierra, que nos orquestó un excelente maridaje.

Empezamos con una selección de aperitivos minimalistas y con una mezcla de sabores explosivos. Un sandwich de foie y sardina ahumada, un cóctel de yzaguirre y espuma de naranja, una tartaleta de remolacha y atún rojo, un chicharrón de pollo con gamba blanca y caviar, un buñuelo de ceps, un merengue de algas, un consomé de galera, y su famosa oliva líquida. Fantástico preludio de los entrantes que siguieron, un Royal de ostras, lubina ahumada, textura de apio y hierbas del mediterráneo; y un homenaje a la ciudad de Tarraco con una crema de gamba roja, avellana ‘negreta’ de Riudoms, pan de cebolla y gamba roja atemperada.

Dispuesto a rendir culto a ‘sus’ ciudades, Moha nos sacó un último entrante con recuerdos de su ciudad natal, Nador, hecho de texturas de calabaza, ñoqui líquido de queso el Gran Pep, anguila del Delta y especies marroquíes. La selección de entrantes fue un festival gastronómico, en el que los platos principales no quedaron atrás. Primero con un rodaballo salvaje de nuestra costa con cremoso de Raifort y verduritas encurtidas; y un ciervo marinado con especias marroquíes. Otra vez la dualidad e inspiración de Moha, sus dos amores: Tarragona y Nador.

Y como final de fiesta, el postre. Pura magia. Pido al lector que me dé la licencia para no describirlo y no diluir la sorpresa, tan solo decir que se trata de un trampantojo de boletus con su niebla otoñal.

El Terrat de Moha Quash es una loa a los sentidos y le auguro un increíble futuro; y a pesar de que Moha no quiere oír hablar de ello, sin duda es el candidato a conseguir la estrella de esa guía francesa especializada en neumáticos y darle a Tarragona (y Nador) el lugar que le corresponde en el olimpo gastronómico.

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