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El colmado de confianza de TGN cumple 40 años

Sara y Trini son las dos hermanas que están al frente de la tienda de comestibles de la Part Baixa. Sus padres fueron los fundadores, en el año 1981

CARLA POMEROL

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Trini y Sara Domènech, en la tienda ubicada en la calle Apodaca. Foto: Pere Ferré

Trini y Sara Domènech, en la tienda ubicada en la calle Apodaca. Foto: Pere Ferré

Trini y Sara. Estas son las dos mujeres y hermanas que dan sentido al colmado de confianza de la Part Baixa de la ciudad, el mítico Can Domènech. El pasado 1 de mayo, la tienda de comestibles de la calle Apodaca cumplía 40 años de historia. «¿Que cómo lo hemos conseguido? Muy fácil. La clave está en tratar a los clientes como si fueran tu familia, con amor y respeto», explica Sara Domènech, una de las propietarias, quien se encarga de elaborar las longanizas y hamburguesas, y de atender a los clientes que vienen en busca de un trozo de carne como segundo plato. Por otro lado, Trini, la otra hermana, es la especialista en fruta y verdura. Ambas se complementan a la perfección. Conozcamos su historia desde el principio.

Nos remontamos al año 1981, cuando los padres de Trini y Sara decidieron abrir una carnicería- charcutería en Tarragona. La familia vivía –y todavía vive– en Cambrils. «Les salió la oportunidad de abrir fronteras y la aprovecharon», explica Trini, una de las hermanas. «Aún puedo recordar el día 1 de mayo de hace 40 años, cuando entre todos limpiamos el local. Al día siguiente, ya abríamos las puertas de Can Domènech. Y hasta hoy», explica Sara. Han pasado cuatro décadas, pero la ilusión que se respira en la tienda es la misma que la del primer día.

Trini y Sara –y otros tres hermanos– se criaron desde muy pequeños en el diminuto local de la calle Apodaca. «El barrio ha cambiado mucho. Antes, esto era el centro de la ciudad y el tráfico de género era bestial por la cercanía con el Port. Además, todos nos conocíamos. Éramos como una familia», explica Sara. Por aquel entonces, la madre despachaba, mientras que el padre criaba el ganado en el mas de Cambrils. Todavía lo sigue haciendo. «Nosotras nos quedábamos en el piso que teníamos encima de la tienda. Las clientas, si nos oían llorar, subían a vernos y, si era necesario, nos cambiaban el pañal», explica una de las hermanas. Ahora, ellas lo devuelven, poniéndose a disposición para ayudar a cualquier vecino que lo necesite.

Cuando Sara y Trini se hicieron mayores tuvieron claro que su lugar era entre esas cuatro paredes. «Acabé octavo y ya me instalé en el obrador para aprender a hacer el embutido y las longanizas. Más tarde, me atreví a despachar, detrás del mostrador», explica Sara. Trini se encarga de la fruta y la verdura de temporada, recién llegadas del mas de Cambrils. La mayoría del género que se puede comprar en Can Domènech es de kilómetro cero. Por su lado, los dos hermanos de la familia son los responsables de distribuir el cordero por tiendas y restaurantes. Un negocio familiar con todas las letras.

Hace unos años, la madre de Trini y Sara les propuso a sus hijas ampliar el negocio y quedarse con los dos locales de al lado. Fue entonces cuando empezaron con el tema de los vinos y de los licores. Can Domènech es, sin duda, uno de los pocos colmados que quedan en la ciudad. En este establecimiento se puede encontrar de todo, desde huevos, carnes y verduras, hasta conservas y productos de la limpieza del hogar, pasando por los mejores vinos y licores.

Las paredes están llenas de historia. Por un lado, fotos antiguas del mas de Cambrils, donde empezó todo. En una de las imágenes, se pueden ver las dos hermanas con tan solo cuatro años, acompañadas de un rebaño de ovejas. Un símbolo perfecto de lo que es Can Domènech. También hay cuadros que explican cómo desguazar un cerdo y otro ganado. Además de pósters de las bebidas alcohólicas más autóctonas, como el Chartreuse o el vermut.

Las especialidades del colmado son la carne de cordero y de cabrito. También los elaborados, como la longaniza, las hamburguesas o los chorizos. No hay vecino del Barri del Port que no haya comprado en elguna ocasión en Can Domènech.

La llegada de la pandemia

La pandemia lo revolucionó todo. Sara y Trini no faltaron ni un solo día a su puesto de trabajo. Sabían que tenían que dar un servicio. «Llevábamos muchas comandas dentro de cajas a casas de vecinos. Nunca nos lo hubiéramos imaginado», explica Sara. La Covid-19 no es el único obstáculo con el que las hermanas se han encontrado en el último año. La inseguridad en la calle Apodaca y la llegada de unos conflictivos ocupas también ha marcado la vida del negocio.

Sara y Trini quieren celebrar los 40 años por todo lo alto, pero entienden que ahora no es el mejor momento para hacerlo. «No sabemos si nuestros hijos e hijas querrán ponerse al frente cuando nosotras nos jubilemos», dice Sara, quien reconoce que «la verdad es que nos haría ilusión que alguien continuara lo que hemos creado con tanto esfuerzo». Las dos hermanas se sienten orgullosas de todo lo que han construido y conseguido. Para ellas, Can Domènech lo es todo. «Estas cuatro paredes son toda nuestra vida. Nuestros secretos y nuestros recuerdos», acaban.

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