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"Con el dinero que consigo compro comida y pongo saldo al móvil"

Nunca me hubiera imaginado acabar así, pero lo hago por necesidad. Me gustaría cambiar de vida y recuperar la custodia de mis hijos»

Carla Pomerol

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Isabel Para, de 33 años, quiere cambiar de vida y lucha por recuperar la custodia de sus hijos. Foto: lluis milián

Isabel Para, de 33 años, quiere cambiar de vida y lucha por recuperar la custodia de sus hijos. Foto: lluis milián

«Estoy pidiendo limosna en Tarragona porque así estoy cerca de mis hijos». Este es el testimonio de Isabel Para, una joven de 33 años que practica la mendicidad, casi siempre en la calle Ramón y Cajal. Su historia empezó en un centro de menores. «Nací en un municipio cerca de Valladolid. Mis padres se separaron y me crié en un centro. Cuando cumplí la mayoría de edad, me quedé en la calle. No tenía dónde ir», explica Isabel, quien añade que «me va saliendo algún trabajo temporal, pero no es suficiente. Tengo que pedir». Isabel se juntó con un chico de Tarragona, hace unos años, con el que tuvo dos hijos. «Nos separamos y él tiene la custodia de los niños, que viven en Roda de Berà. Decidí quedarme aquí para estar más cerca de ellos», reconoce Isabel, quien añade que solamente puede ver a sus hijos cada quince días en un punto de encuentro. 

Mientras cuenta su historia, Isabel no deja de hacer ganchillo. «Me relaja y, además, hay gente que me lo compra», asegura. Esta semana está de suerte. Tiene permiso para ir a dormir al albergue de la Fundació Bonanit, situado en la Plaça de les Peixateries Velles, en el corazón de la Part Alta. A partir de la semana que viene deberá buscarse la vida para pasar la noche, como le sucede desde hace años. Por la mañana, Isabel desayuna en Café i Caliu, un comedor social situado en el mismo edificio que el albergue y que sirve el desayuno a más de un centenar de personas sin recursos económicos al día.Pido una ayuda. No tengo recursos. Acepto comida, ropa y trabajo . Estas son las palabras que se pueden ver en el cartel que tiene colocado Isabel y que llama la atención a los peatones. «Nunca me hubiera imaginado acabar así, pero lo hago por necesidad. Me gustaría cambiar de vida y recuperar la custodia de mis hijos», explica. Con el dinero que saca, entre 3 y 20 euros por jornada, me compro comida y pongo saldo al teléfono móvil».

 

 

 

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