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Movilidad

Casi tres horas para llegar al trabajo por la AP-7 desde Tarragona: "Ha sido caótico"

Kerrie Adrián, viajera habitual, explica que se enteró a las 7:10 horas de que no circulaba ningún convoy, tuvo que salir en coche a toda prisa y se encontró con una autopista al límite tras la congestión. Se enteró de la apertura de la C-32 cuando ya estaba en la boca del lobo

La C-32 ha levantado los peajes a raíz del incremento de tráfico en la AP-7.

La C-32 ha levantado los peajes a raíz del incremento de tráfico en la AP-7.Marc Bosch

Joel Medina

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La jornada comenzó como cualquier otra para Kerrie Adrián, vecina de Cambrils y usuaria del Avant y de la línea R16 para desplazarse hasta Barcelona por motivos laborales: “Cojo el de las 7:24 y llegamos a Barcelona a las 8:23”, explica. Este miércoles, sin embargo, ese esquema rutinario se rompió por completo tras la suspensión del servicio ferroviario por el accidente en Gelida.

“Gracias a una usuaria que estaba en la estación de Cambrils nos hemos enterado a las 6.50 h de que no iba a circular ni este ni ningún otro R16”, relata.

La información disponible a primera hora de la mañana, explica, había mostrado normalidad: “Cuando yo me levantaba, a las seis y poco, en todas las aplicaciones, tanto de Adif como de Renfe, ponía que circulaba este tren”, sostiene. A su juicio, la falta de actualización de los datos condicionó su capacidad de reacción.

Ante la ausencia total de trenes y sin constancia de servicios sustitutivos habilitados, optó por el coche: “No tenemos ningún autobús, no nos han puesto servicio alternativo alguno”, afirma. Salió de Cambrils “a las siete y poco”, incorporándose a una AP-7 ya muy cargada de tráfico. “La AP-7, la C-58 y la Meridiana estaban colapsadas”, enumera.

Un trayecto eterno

El viaje se alargó de forma considerable: “Me he estado dos horas cuarenta para poder llegar a mi trabajo”, explica, detallando que incluso una vez en Barcelona el avance fue extremadamente lento: “He tardado una hora y pico desde la entrada de Barcelona hasta la Sagrera, que es el tiempo que normalmente tardo desde Cambrils hasta la Sagrera en un día normal”. Para completar el recorrido, tuvo que combinar el coche con el metro.

Durante el desplazamiento, tuvo conocimiento de medidas adoptadas para aliviar la congestión: “Cuando yo estaba casi llegando a Barcelona me he enterado de que estaban levantando las barreras del peaje de la C-32 para aliviar un poco la AP-7”, señala. La información, no obstante, le llegó cuando ya estaba inmersa en el atasco, en la boca del lobo.

La situación, según explica, no se limita al trayecto de ida. Kerrie advierte de que las dificultades persisten para el regreso: “Ahora mismo las barreras de la C-32 están bajadas y la AP-7 está cortada”, indica, cuestionando la viabilidad de la única alternativa disponible. “¿Cómo se supone que tenemos que bajar con nuestro transporte alternativo?”, se pregunta, en referencia al coche como única opción posible.

Finalmente, llegó a su puesto de trabajo con un retraso considerable: “He fichado a las 9:40 saliendo de casa a las 7”, relata. Añade que algunos usuarios pudieron optar por el teletrabajo, una posibilidad que no estaba a su alcance.

Desde su experiencia, Kerrie considera que podrían haberse explorado soluciones adicionales: “Sabiendo que desde el Camp de Tarragona sí que salían trenes de alta velocidad, podrían haber llevado a esta gente hasta la estación de alta velocidad”, apunta, recordando que “la alta velocidad comparte vías con los regionales”. 

A su juicio, la falta de alternativas organizadas dejó a muchos usuarios sin opciones reales de movilidad. “Toda esta gente se ha quedado varada”, concluye.

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