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Comer la mona: la excusa para juntarse

Las familias se reunieron en distintos puntos de la ciudad, como el Pont del Diable, el Loreto o el Parc Francolí

Carla Pomerol

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Algunos llegaron al Pont del Diable a primera hora para encontrar su sitio. Otros llegaron tarde y tuvieron que sentarse en el suelo. FOTO: DT FOTO: ALBA MARINÉ FOTO: PERE FERRÉ FOTO: ALBA MARINÉ

Algunos llegaron al Pont del Diable a primera hora para encontrar su sitio. Otros llegaron tarde y tuvieron que sentarse en el suelo. FOTO: DT FOTO: ALBA MARINÉ FOTO: PERE FERRÉ FOTO: ALBA MARINÉ

El día de la mona es sinónimo de familia y amigos. El Francolí, las inmediaciones del Pont del Diable y las barbacoas del Loreto son los principales puntos de la ciudad donde se reunieron ayer los tarraconenses para comer el tradicional pastel. Los más valientes aprovecharon para ir a la playa, que estaba llena de parasoles y de neveras, siempre azules. Aunque la excusa era comer la Mona, el objetivo era pasar un día en familia. Y la jornada empezó bien pronto. A partir de las siete de la mañana, algunos ya se peleaban por encontrar sitio. Hubo quien tuvo suerte y se pudo quedar con una de las mesas del Pont del Diable; otros tuvieron que conformarse con poner las toallas en el suelo.

A las ocho de la mañana, la familia Moreno ya aparcaba el coche en el parking del Pont del Diable. «Hay poco aparcamiento y pocas mesas. Como ya hace unos cinco años que venimos a pasar el día de la mona aquí, sabíamos que teníamos que llegar temprano», explica Isabel Caveo. La familia desayunó, hizo el vermú, comió y también merendó. «Juntarlos a todos es lo más grande», comentaba la bisabuela. A escasos metros, un grupo de padres y madres de alumnos de la escuela del Morell hacían el pica-pica tumbados en el suelo, ya que, cuando llegaron, ya no había mesas disponibles. «Hace años que pasamos el día de la mona juntos. Primero, hacemos una excursión y luego comemos el bocadillo y la mona», explica Verónica Rodríguez, quien reivindica que se pongan más mesas y bancos en días como los de ayer. Entre unos y otros se paseaba una pareja de Agentes Rurales, que controlaba que nadie hiciera fuego, para prevenir incendios y por seguridad, explicaban.

Las barbacoas del Loreto también son un punto de encuentro para las familias. Algunas muy numerosas, como por ejemplo, la familia gitana de la Part Alta de Tarragona que, tradicionalmente, se reúne en este lugar para celebrar el Lunes de Pascua. «A principios de año, ya reservamos esta zona para que la comunidad gitana disfrute de esta jornada», explicaba Paquito Ferreres, presidente de las comunidades gitanas de la provincia de Tarragona. Buñales, Ximenis, Gabarri, Castro y Gutiérrez eran algunas de las familias que acudieron a las barbacoas del Loreto para comerse la mona. A partir de las nueve de la mañana, empezaron a llegar y a prender el fuego, donde más tarde se haría la carne. «Es una tradición de más de 200 años, que queremos mantener. Antes veníamos andando», asegura Ferreres.


Encontrar un hueco
En la otra punta de la ciudad, en el Parc Francolí, también había Monas y también fue complicado encontrar mesas vacías a partir de las ocho de la mañana. El patriarca de la familia Conde aseguraba que «llevo aquí desde las seis y media de la mañana. No quería que me quitaran el sitio». Otros, más despistados, tuvieron que sentarse en la hierba. Los padrinos y madrina entregaban el pastel a los más pequeños, justo después de comer. La mayoría de mesas tenían puesto un parasol, y es que, durante el mediodía hacía un calor típico del mes de agosto. Después de comer, llegó el momento lúdico. Mientras los mayores jugaban a cartas o al domino, los más pequeños se tiraban por los toboganes. Había familias que optaron por plantar la tienda de campaña en la hierba y hacer la siesta después de llenar la barriga. Pero para valientes, los de la playa, que plantaron la toalla, el parasol y la Mona y algunos hasta se bañaron.

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