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Cuatro familias, los bancos y el consistorio copan todos los edificios vacíos de la Rambla de Tarragona

Los vecinos de la zona centro exigen al equipo de gobierno que incentive a los propietarios a rehabilitar los inmuebles para que la arteria principal de la ciudad deje de degradarse

Carla Pomerol

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Los inmuebles ubicados encima del Teatre Metropol son propiedad municipal. Están vacíos. FOTO. PERE FRRÉ

Los inmuebles ubicados encima del Teatre Metropol son propiedad municipal. Están vacíos. FOTO. PERE FRRÉ

Si andan por Tarragona y levantan la cabeza se darán cuenta de la cantidad de edificios completamente vacíos que hay. Es el caso de la Rambla Nova, la arteria principal de la ciudad. Cuatro familias adineradas, el Ayuntamiento y algunas entidades bancarias son los propietarios de casi todos los bloques desocupados de la avenida. Es imposible contabilizarlos todos, pero el edificio del Teatre Metropol o el de la antigua Caixa Tarragona son algunos ejemplos destacados. La Associació de Veïns Tarragona Centre denuncia esta situación y pide a las administraciones que ayuden a los propietarios a poner los edificios al mercado «con el único fin de proteger el centro de la ciudad». 

El edificio del Teatre Metropol es de propiedad municipal. La puerta principal está cerrada con una cadena y un candado. En su interior solo viven palomas, que se han encargado de infestar todos los pisos. En la misma acera, unos cuantos metros más abajo, encontramos otro edificio aparentemente vacío, aunque hay quien asegura que algún piso está ocupado de manera ilegal. Es el bloque de la antigua Caixa Tarragona y, actualmente, BBVA es la entidad bancaria propietaria. Seguimos en la misma acera y llegamos al número 102 de la Rambla Nova, que hace esquina con la calle Ramón y Cajal. Es un gran edificio, propiedad de diferentes miembros de una sola familia, que hasta hace unos pocos años el comercio Esports Miquel ocupaba el local de la planta baja. En la actualidad, viven dos de las propietarias y, según los vecinos, nadie más. 

El número 102 de la Rambla Nova es propiedad de una familia.

¿Y cuál es el motivo de que haya tantos edificios desocupados? En el caso de los particulares, podrían tener dificultades económicas para poder hacer frente a los gastos que supone una rehabilitación. Y es que la mayoría de estos bloques vacíos son muy antiguos y necesitan ser acondicionados. «Una persona que hereda un edificio de estas características debe hacer una aportación de, como mínimo, 200.000 euros», explica Manuel Sosa, secretario de la Cambra de la Propietat Urbana de Tarragona. No todo el mundo dispone de esta cantidad. 

«También hay familias que no tienen ni el interés ni la necesidad de vender el piso. Son gente con mucho dinero, por norma general, de edad mayor, y que prefieren tenerlo vacío y así ahorrarse los dolores de cabeza típicos en un alquiler», asegura Núria Sabat, presidenta de la Associació de Veïns Tarragona Centre. Otro de los motivos podría ser que los propietarios sean un grupo de hermanos o de familiares y que no se pongan de acuerdo. 
¿Y cuáles son los peligros que pueden causar estos edificios vacíos en la arteria principal de la ciudad? Según Sergi Nasarre, director de la cátedra del Habitatge de la URV, dos de los problemas que pueden surgir a largo plazo son «la degradación de la zona y la presencia de plagas o de desprendimientos de fachadas».

En los últimos años, la mayoría de los edificios que se han vendido –tanto en la Rambla como en las calles de alrededor– se han convertido en hostels o en apartamentos turísticos. «Tenemos la sensación de que se está despoblando el centro de vecinos», explica Sabat. Es por esto que, desde la entidad vecinal, piden al Ayuntamiento que pongan en marcha medidas que incentiven a poner el edificio en el mercado.

magen del edificio de la antigua Caixa Tarragona, también ubicado en la Rambla Nova.

Joan Boronat, propietario de la inmobiliaria Finques Boronat, asegura que «cada vez hay más empresarios interesados en hacerse con un edificio entero en la Rambla para hacer hostels o apartamentos turísticos».

¿Y cómo se puede solucionar? Los expertos coinciden en asegurar que es tarea complicada porque dan pocas subvenciones para la rehabilitación. La presidenta de la entidad vecinal, Núria Sabat, opina que el consistorio debería actuar como mediador para ayudar a los propietarios a vender el edificio. «Tenemos que hacerles saber a los megapropietarios que la ciudad depende de ellos», dice Sabat. Por su parte, Manuel Sosa, de la Cambra de la Propietat Urbana, opina que «como mucho, el Ayuntamiento puede no cobrar la tasa de ocupación de la vía pública para poner el andamio, pero el resto de impuestos no los puede perdonar». Además, Sosa recuerda, como una posible solución, la campaña que puso en marcha el Ayuntamiento de Barcelona con el fin de rehabilitar las fachadas.

No a la Budallera

La entidad vecinal asegura que iniciar el plan de la Budallera –que prevé 4.000 viviendas en la zona de Llevant– no tiene sentido, teniendo en cuenta la gran cantidad de edificios vacíos que hay en el centro. «La Budallera es nuestro último pulmón verde y nos lo quieren quitar con la excusa de que no hay suficientes pisos en Tarragona. Cuando se ideó el plan se preveía un crecimiento notable. Ya hemos visto que no es así», opina Sabat. 

Por su parte, Joan Tous, presidente del Col·legi d’Arquitectes de Catalunya en Tarragona, asegura que «una cosa no es incompatible con la otra, pero cuando una ciudad no se preocupa de que su centro sea dinámico y vivo, y solamente se dedica a construir, acaba por tener centros urbanos vacíos y degradados. Uno de los ejemplos es el de Tortosa».

Pasa en toda la ciudad

Pero la Rambla Nova no es la única avenida con edificios vacíos. La zona centro, en general, convive con esta problemática. Un claro ejemplo es la Plaça Corsini, donde al menos tres bloques enteros están vacíos. Es el caso del edificio que se encuentra en la esquina de la calle Lleida o el de arriba de la zapatería Casas. También las calles Unió, August o Estanislau Figueres cuentan con edificios en los que no vive nadie. 

El Arzobispado es propietario de algunos de estos edificios, como por ejemplo uno en la calle Méndez Núñez y otro en la calle Cervantes. En ambos casos, ha optado por ceder los inmuebles a un tercero, que los ha convertido en pisos turísticos y en un hostel. A modo de curiosidad, cabe destacar que hay familias tarraconenses que deciden dejar la herencia al Arzobispado. 

«Hay ciudades, como Roma, que han quedado despobladas. Grandes inversores compraban los edificios por cuatro duros y luego los vendían a precio de oro. No dejaremos que esto ocurra aquí». Estas fueron las palabras de la presidenta de la Associació de Veïns Tarragona Centre.

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