La luz sube hasta el pan... y toda la cesta de la compra

Panaderías y súpers de la provincia aumentan las tarifas de las barras por el encarecimiento de la electricidad, vital para los hornos, y de las materias primas. El gremio, desquiciado

Raúl Cosano

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Aviso a clientes en un supermercado Coviran de Tarragona. Foto: Pere Ferré

Aviso a clientes en un supermercado Coviran de Tarragona. Foto: Pere Ferré

El aviso al cliente es duro pero sincero. Un cartel, junto a las cestas de las barras y baguettes, advierte de que la subida de la luz pero también los incrementos de las materias repercutirán la próxima semana en el encarecimiento del pan. «Hemos querido ser directos y reconocer lo que está pasando, para que el comprador sepa por qué subimos los precios», explica Joan Poch, responsable del supermercado Coviran en la calle del Arquebisbe Josep Pont i Gol, junto a la Torre dels Vents, en Tarragona. «La situación es insostenible. Llevamos aquí siete años y es la primera vez que subimos el pan. La mayoría de gente lo entiende. No nos queda más remedio», confiesa Poch.

La factura de la luz en este establecimiento se ha disparado de unos 3.800 euros a 5.000. Es el signo de los tiempos en todos los comercios. «Nosotros horneamos el pan aquí con el horno eléctrico. La luz es fundamental para nosotros y ha subido tanto durante estos meses que lo tenemos que repercutir en el precio, aunque no queramos», relata Poch.

Así están obrando numerosas tiendas y una gran parte de los hornos en Tarragona, que se ven abocados a subir tarifas para intentar amortiguar las pérdidas. Muchos ya lo han hecho, a su pesar, como un acción de pura supervivencia. En otros casos la decisión es inminente. «Está siendo algo desorbitado y no hay más solución», lamenta Ramon de la Fuente, de la pastelería Huguet y presidente del Gremi de Forners de Reus i Comarques.

El recibo, de 600 a 1.200 euros

En su caso, el pan ha subido alrededor de un 2%, un intento de compensar el asfixiante incremento del recibo de la luz, que se ha duplicado, de los 600 a los 1.200 euros al mes. «Es una cadena. El propio consumidor ya lo nota. No sé si podremos aguantar si seguimos con este ritmo porque no es solo la harina o la materia prima, sino todo, desde el plástico al papel de las magdalenas. Los gastos te van comiendo. Todo el mundo está enfadado y pasándolo mal pero a las panaderías y los hornos nos ha tocado ahora de lleno. Incluso subiendo precios se nos hace muy difícil tirar para adelante».

El incremento oscila entre los cinco y los diez céntimos, dependiendo del producto

La situación desquiciada es general en el sector. Gerard Griñó es el responsable, junto a su hermano Ramon, de Cal Tullet, un horno de pan en L’Espluga de Francolí (Conca de Barbèra): «Durante este año la harina ha subido cuatro veces. El 1 de noviembre lo hará otra vez y en enero también. Serán seis aumentos en total. A eso se añade la mantequilla, el papel un 30%, la luz ni te cuento... Y necesitamos energía para trabajar, ya sea gas natural o electricidad». Hace un mes la barra de cuarto subió de 95 céntimos a un euro y el pan redondo 10 céntimos. «El problema de todo es que la gente sigue con su misma nómina, eso no sube, pero toda la cesta de la compra se va incrementando. A la larga perjudicará mucho, porque la gente acabará comprando menos calidad», indica Gerard Griñó.

Enfado y resignación

La ecuación, también en este caso, está clara: «Tenemos que repercutir todas estas variaciones en el precio final para sobrevivir, pero la situación es muy negativa. No se puede exprimir tanto a la gente, que sigue cobrando lo mismo. Además, nosotros estamos pagando un crédito de 2.000 euros al mes, por una inversión que hemos hecho».

Otra voz resignada es la de Xavier Pàmies, de Forn Sistaré, el histórico establecimiento reusense. El azote de la tormenta perfecta va a desembocar en unos días en un encarecimiento que se ha intentado evitar hasta el último momento. «Subir precios es mucho trabajo en sí, no lo queremos hacer, porque sabemos que el pan es un elemento básico y creemos que los hornos tienen algo de ente social, vivimos en sociedad, y nos resistíamos a hacerlo, pero llega un momento en el que no aguantas», admite Pàmies.

El coste de la harina ha subido y productos básicos como la mantequilla no llegan porque los stocks están rotos y hay falta de suministro. «La harina ha subido un 50% y es insostenible. Llevamos un año y medio con incrementos constantes. La luz es clave para nosotros y eso de las franjas horarias es absurdo. Trabajamos con fermentaciones muy largas y no tiene sentido. A eso se añade el combustible para la furgoneta de reparto. La factura de la luz se ha incrementado en un 50% en un año», cuenta Pàmies, que apunta también a otros factores: «Nosotros solo somos panaderos pero nos vemos envueltos en dinámicas de globalización. Por ejemplo, hay grupos inversores que se apalancan trigo, porque es algo que se puede guardar y se está especulando con productos de este tipo».

Los panaderos han aguantado hasta que no han podido más. La subida es generalizada

No solo sube el pan, sino que toda la cesta de la compra está en la misma dinámica. Entre la clientela abunda la comprensión, si bien la afectación en productos tan diarios y comunes les hace tomar una especial conciencia. «Es algo curioso. Parece que si son grandes empresas o multinacionales las que suben precios no pasa nada pero cuando vemos que se encarecen las verduras, el pan o el aceite ponemos el grito en el cielo. Será porque son productos muy básicos. En nuestro caso hemos intentado aguantar pero ya no llegamos a final de mes, casi que no puedo pagar los gastos. Yo soy víctima también de esto porque soy consumidor», se resigna Pàmies.

«También sube el azúcar»

Julio Solanes, propietario del Forn Tarraconense, en la calle Comte de Rius de la capital, subió hace un mes las tarifas, en general alrededor de cinco céntimos, para intentar contrarrestar el recibo de la luz. «El gasto ha subido un 30% en unos meses. Antes pagaba 1.500 euros al mes de luz y ahora 1.800. Y eso que es un horno pequeño, pero tengo a diez trabajadores y necesitamos mantenernos. No solo es la energía, también ha subido la harina o el azúcar. Me he visto obligado a hacer esto por primera vez en casi diez años, desde que en 2012 me encargué del negocio».

Solanes admite que el cliente lo entiende aunque es el pequeño de proximidad el que más expuesto está. «La mayoría de nuestros clientes no dicen nada. Automáticamente lo comprenden, pero parece que es el pequeño comercio quien lo paga más. Tú vas al súper, coges un yogur y a lo mejor ni te das cuenta de que es más caro, pero cuando vas a comprar el pan es distinto». Solanes se queja, además, del agravio que supone el IVA: «Facturamos el pan al 4% porque es de primera necesidad, pero la luz, que es fundamental para fabricarlo, nos la cobran al 21%. No le veo sentido».

El horno Alqueza, un nombre emblemático e histórico con diversos puntos de venta en Tortosa, sigue los mismos pasos. «Nos está afectando la situación como a todos. Son muchas horas de horno. Ahora tendremos que incrementar los precios», confiesan desde el establecimiento ebrense.

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