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Lanzan un calçot 'astronauta' desde Perafort a la estratosfera

La cebolla, en una fiambrera junto a un dron, una cámara y un GPS, se elevó en un globo sonda a 26 kilómetros de altura. Se le perdió el rastro, aunque pudo acabar cerca de Mallorca
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Fernando Ortuño, responsable del globo sonda, en el restaurante Ca Vidal de Perafort.  Foto: Ramon Orga

Fernando Ortuño, responsable del globo sonda, en el restaurante Ca Vidal de Perafort. Foto: Ramon Orga

Esta vez el ‘calçot astronauta’ no pudo completar su hazaña de cruzar el Mediterráneo y aterrizar en las Islas Baleares. Sin embargo, sí se consiguió, por segundo año consecutivo, lanzarlo a la estratosfera en un globo sonda armado con una cámara de vídeo, un dron y un sistema de GPS. «Estamos investigando para saber dónde se ha perdido», explica David Ferré, ingeniero técnico en telecomunicaciones y domótica. «Este año los factores no ayudaban a llegar a la isla, aunque nos debimos quedar cerca», relata Fernando Ortuño, vicepresidente de la Asociación AstroInnova y principal diseñador del artilugio que llevó al cielo la cebolla por excelencia de la gastronomía catalana.

El lanzamiento de calçot se enmarcó en la IPOnion Fest, una reunión de una comunidad de personas amantes de la tecnología, con científicos y profesores de universidad llegados desde diversas partes del planeta. Fue una congregación de 116 personas que acabó, claro está, con una calçotada de rigor en el restaurante Ca Vidal de Perafort. La previa estuvo amenizada por talleres tecnológicos: desde una presentación de gafas de realidad aumentada a una extracción del ADN de la saliva, pasando por una exhibición de aplicaciones con drones.

 

‘#calsuted2015’

Todo, en un ambiente familiar y distendido, bien documentado y reflejado en las redes sociales bajo etiquetas como #calsuted2015. «Somos un grupo de amigos que nos encontramos cada año para hacer una calçotada y lo pasamos bien», explica Ferré. El punto álgido de esta cumbre informal de talento internacional fue el lanzamiento del calçot. «Somos curiosos y nos gusta plantearnos retos, preguntarnos el porqué de las cosas. Este año estaba complicado. Hasta que tuvimos contacto el globo iba según lo previsto pero siempre puede pasar que haya alguna racha de viento que te trastoque los planes», narra Ortuño. Desde Perafort, el ‘calçot espacial’ debía ascender en una sonda similar a la que utilizan las agencias de meteorología, hasta alcanzar los 26.100 metros de altura, en plena estratosfera. «En ese momento todo se ve negro y se puede observar perfectamente todo el perfil costero de Catalunya o la Comunitat Valenciana. Es una situación parecida al vacío», define Ortuño.

 

Un calçot congelado

En torno a los 6.000 metros, en la última señal recibida, el calçot se adentraba 18 kilómetros mar adentro. «A esa altura ya dejamos de recibir la señal. Hay que esperar a que haga todo el trayecto, explote el globo de helio y a partir de ahí vaya bajando y planeando, hasta que podamos recuperar la señal y sigamos la evolución hasta el aterrizaje. Eso no sucedió esta vez». Sí se cree que el calçot, como es de rigor, alcanzó en las alturas una temperatura de -60 grados. Esta vez, tres horas después del lanzamiento no llegó el mensaje esperado, que los asistentes a la calçotada IPOnion aguardaban a la hora del postre.

«De momento no podemos saber qué ocurrió. Estaba preparado para flotar, así que es posible que algún día nos lo encontremos cerca de alguna costa. No me sorprendería que hubiese llegado a la isla y estuviera en un lugar sin cobertura. Alguna vez nos ha pasado. Alguien ha acabado encontrando el objeto y llamándonos para avisar», explica Ortuño, habituado ya a este tipo de aventuras: participó en el proyecto Daedalus de la NASA, en el que se subió a 37 kilómetros de altura un telescopio solar de un metro de diámetro para estudiar el Sol.

 

Puede aparecer flotando

Según los complejos cálculos –peso del globo, diferencias de presión, velocidad, parábola del descenso–, el calçot tarraconense debería haber acabado en algún punto en el sureste de la isla de Mallorca, cerca del municipio de Artá. No se descarta que en los próximos días pueda aparecer ahí... o flotando. Esta vez se quería ir más allá:el artilugio volador incorporaba un dron que, llegado el momento, debería haberse separado del calçot y haber volado hacia un punto determinado del destino final.

«Pese a todo, la decepción es moderada. Durante el tiempo de la preparación todo fue perfecto. Al final disfrutamos con ese punto gamberro tecnológico. Todos compartimos esa curiosidad del niño de preguntar por todo. Somos gente de diferentes ámbitos que aún no hemos perdido el interés por las cosas», admite Ortuño, que promete repetir el año que viene y quitarse la espina haciendo que el calçot de Perafort vuele con éxito hasta Mallorca.

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