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Las entidades vecinales se plantean unir esfuerzos para hacer las fiestas

La falta de recursos por parte de empresas y administración dificulta organizar una programación festiva en los barrios

Carla Pomerol

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Las chocolatadas populares son uno de los actos más tradiciones de las fiestas de barrio. La imagen es de la Vall de l’Arrabassada. Foto: lluis milián

Las chocolatadas populares son uno de los actos más tradiciones de las fiestas de barrio. La imagen es de la Vall de l’Arrabassada. Foto: lluis milián

No les queda más remedio. La mayoría de asociaciones de vecinos de Tarragona aseguran no poder hacer frente a los gastos derivados de las fiestas de barrio. La cuenta es muy sencilla. La subvención del Ayuntamiento significa, en la mayoría de los casos, solamente el 20 por ciento de los costes totales de las fiestas de un barrio. El resto se debe buscar, hasta por debajo de las piedras, como dicen algunos. Acudiendo a los negocios de la zona dispuestos a hacer un donativo o subiendo la cuota de los socios de la entidad vecinal. La cuestión es no bajar el nivel ni la calidad de unas fiestas que, hasta hace unos años, eran muy potentes.

La cosa ahora ha cambiado. La mayoría de barrios han reducido el número de actos y la calidad se ha visto resentida. Pero las juntas de las asociaciones de vecinos continúan luchando para programar, como mínimos, tres días de actividades. «En vez de contratar a la mejor orquesta, ahora se apuesta por las opciones más asequibles», asegura Toni Peco, presidente de la Federació d’Associacions de Veïns de Tarragona (FAVT). En la mayoría de los casos, los organizadores cuentan con el apoyo de academias de baile del barrio o de comparsas que, de manera voluntaria, llenan el programa de actos. 

La mayoría de barrios han reducido el número de actos y de menos calidad

Los presidentes de las entidades vecinales coinciden en culpar de esta situación a la poca cantidad económica que reciben de parte del Ayuntamiento y, también, a las empresas, ya que hace unos años, los pequeños comercios y las grandes compañías de la ciudad ayudaban a pagar las fiestas. «Es necesario recuperar la subvención que antes recibíamos por parte del Consistorio. Deben entender que las fiestas es una manera de trasladar la cultura a los barrios», asegura Peco. 

Por su parte, fuentes municipales aseguran que, este año, han  presentado la solicitud para la subvención siete asociaciones más. De 38 entidades, se ha pasado a 45. Por lo tanto el pastel debe repartirse entre los que presentan la solicitud. El importe total de la partida es de 160.000 euros. «Nos dicen que cada vez hay más asociaciones, y por esto, cada vez la subvención es más ridícula», asegura Javier Arnillas, presidente de la Asociación de Vecinos de La Granja, quien destaca que el período para pedir las subvenciones es demasiado corto. «No da tiempo a aportar toda la documentación necesaria», asegura Arnillas, quien explica que «nos han descontado 900 euros de la subvención, porqué según el Ayuntamiento no lo hemos justificado bien».

En función del número de actividades que realiza la entidad durante el año, se reparte el dinero de la ayuda. La media es de unos 4.500 euros por asociación, aunque algunos barrios solamente cuenten con 2.000 euros. «Con los 5.000 euros que nos da el Ayuntamiento, pagamos los gastos de mantenimiento del local social, el agua, el seguro, la luz y el teléfono. No sé como haremos las fiestas», asegura Rosa Puig, presidenta de la Associació de Veïns del Barri del Port, quien añade que este año «nos hemos planteado  no celebrar las fiestas, ya que contamos con muy pocos recursos». Puig, al final, ha contratado las dos orquestas más baratas, el grupo de habaneras y la espuma. De las actividades infantiles, se encargan los padres. La presidenta de la asociación del Barri del Port asegura que «en la próxima reunión con el resto de entidades vecinales, propondré unir esfuerzos entre los barrios más cercanos para hacer una fiesta más grande». 

La subvención del Ayuntamiento significa solamente un 20% del total de gastos de las fiestas

 Jordi Salvador, presidente de la Associació de Veïns de Residencial Palau-Torres Jordi, asegura que, «en nuestro caso destinamos la totalidad de la subvención a las fiestas. El Ayuntamiento nos da 2.000 euros y las fiestas cuestan 9.000». Por otro lado, Jordi Galceran, secretario de la Associació de Veïns Tàrraco –avenida Andorra– reivindica más participación de los vecinos y asegura que «el trabajo de las entidades vecinales debe ir más allá de las fiestas, pero las pocas ayudas no nos permiten hacer todo lo que deseamos». Parece ser que la solución pasa por unificar dinero y ganas entre los barrios más próximos.

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