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Tarragona lleva este año más de un millón de euros gastados en la lucha contra el incivismo

Este tipo de comportamientos han aumentado notablemente desde la llegada de
la pandemia. El Ayuntamiento hace un llamamiento a la población: «Denunciar»

CARLA POMEROL

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Coches abandonados. FOTO: A.González

Coches abandonados. FOTO: A.González

Con el dinero público que se ha gastado este año en la lucha contra el incivismo, el Ayuntamiento de Tarragona hubiera podido llevar a cabo, por poner un ejemplo, cinco estudios sobre la calidad del aire que respiramos los tarraconenses.

El Consistorio cifra en más de un millón de euros la cantidad destinada a limpiar vertederos ilegales y zonas de botellones, reponer contenedores quemados y quitar grafitis de los monumentos, entre otras actuaciones. Lo cierto es que con la llegada de la pandemia, el incivismo ha crecido en la ciudad de Tarragona, llegando a unos extremos hasta ahora desconocidos, según el servicio de limpieza del Ayuntamiento. Hagamos un repaso de cuáles son los actos incívicos más repetidos en la ciudad.

Sin lugar a dudas, la pesadilla del departamento son los vertederos incontrolados, repartidos en distintos puntos de la ciudad, sobre todo polígonos industriales y zonas boscosas. Hace unos días, el concejal de Neteja, Jordi Fortuny, anunciaba una campaña para poner fin a esta «lacra». Durante y después del confinamiento, se ha detectado un aumento importante de vertederos ilegales. Hablamos de un 30% más de presencia de voluminosos en la vía pública, respecto el año pasado. Los expertos lo atribuyen a que la población se ha decantado por cambiar los muebles de casa para convertir el hogar en un lugar más cómodo.

Cartones fuera de los contenedores. Foto: A.G.

«Solo para limpiar y deshacerse de los residuos de estos vertederos, el Ayuntamiento se gasta una media de 340.000 euros al año», explican desde el servicio de limpieza. Ponent es la zona más problemática en este sentido. Desde el pasado diciembre, el consistorio ha denunciado veinte vertederos ilegales con multas de hasta 4.001 euros.

Pero el incivismo va más allá. «La gente tiene la manía de dejar residuos fuera de los contenedores. Se compran un televisor, y les da pereza doblar la caja de cartón e introducirla en el depósito adecuado. ¿Solución? La dejan fuera», explica la responsable de limpieza del Ayuntamiento. Esta práctica supone un trabajo extra que se contabiliza en casi 425.000 euros anuales.

Los excrementos de perro también se encuentran en el top 10 del incivismo. Los puntos negros localizados en este sentido son las calles Sant Antoni Maria Claret y Santa Joaquima de Vedruna. «Sospechamos que eso es así porque en estas calles hay zonas ajardinadas integradas al trazado urbano», añaden desde el departamento.

Contenedores quemados. Foto: LL.M.

Seguimos con otra de las lacras de la ciudad: las pintadas y grafitis en el patrimonio. El caso más sonado es el de la Muralla, que ya ha aparecido pintada en más de una ocasión. Pero también encontramos otros ejemplos como la fachada modernista del Mercat Central, la pared principal del Museu Arqueològic o las columnas troyanas de la Plaça de la Unesco –el caso más reciente–. El sistema de limpieza en estos casos no es el mismo que si se tratara de una pared cualquiera. Es más costoso.

Dejando a parte el vandalismo en los monumentos, también es incivismo encontrarse fachadas con grafitis. La mayoría de ellas se concentran en la Part Alta, sobre todo, en el Parking Jaume I. El gasto que implica estos actos rodea los 70.000 euros.

«Los vecinos debemos denunciar cualquier acto incívico. Que quede registrado es la clave»

Otra de las estrellas en este ámbito son los botellones. En los últimos tres años, su práctica ha aumentado notablemente. Con la llegada de la pandemia, se ha doblado. Para la policía es muy complicado localizar los puntos negros, ya que cuando se detecta una zona de botellón, al día siguiente pasa a ser otra. Eso sí, hay lugares fijos, como el Parc de la Reconciliació, las escaleras del Amfiteatre o el aparcamiento de Bonavista. A parte del ruido y de las molestias que genera a los vecinos, los botellones dejan un número importante de residuos, como vasos de plástico y botellas de cristal, «que toca recoger, y desmontan todo el servicio programado», explica la responsable de limpieza.

Y es que el incivismo afecta directamente a nuestro día a día. Un ejemplo es que la ciudad cuenta con seis máquinas que barren y escupen agua a la vez. Hay unas rutas establecidas, de manera que a lo largo de la semana, la máquina pasa por todas las calles. Si un día, una de ellas debe saltarse la ruta para ir a desinfectar una zona de botellón, se dejan calles sin hacer.

Es el turno de los contenedores quemados o las papeleras dañadas. La Guàrdia Urbana investiga los autores, pero es una tarea compleja. El año pasado se llegaron a quemar una treintena de contenedores. Para hacerse una idea, reponer un recipiente de estas características supone un gasto de 2.400 euros.

«La presencia policial nos ayuda a disuadir comportamientos incívicos en los barrios»

Otro de los males en Tarragona es el abandono de vehículos en la vía pública. La zona de Interblocs del barrio de Sant Salvador es uno de los puntos localizados como más problemáticos. El procedimiento para poder desballestarlos no es sencillo.

La lucha sigue

Por su parte, la Federació d’Associacions de Veïns de Tarragona (FAVT) destaca el buen resultado del dispositivo Pondus, un operativo policial que tiene como objetivo mejorar la percepción de seguridad en los barrios, sobre todo, en Ponent. La iniciativa cuenta con la complicidad de las asociaciones de vecinos de la zona. «La presencia policial nos ayuda porque es una forma de disuadir las conductas incívicas», asegura Alfonso Martínez, presidente de la FAVT, quien añade que «sabemos que no es solo un problema de Tarragona. Viajo mucho y en la mayoría de ciudades están igual». Por otro lado, el portavoz del gobierno municipal, Manel Castaño, asegura que «el dispositivo Pondus nace con la intención de hacer desaparecer la percepción de impunidad de los incívicos y delincuentes, sobre todo, en los barrios».

Vertederos ilegales. Foto: P.F.

En la lucha contra el incivismo, el principal aliado son las ordenanzas municipales. La mayoría de acciones inapropiadas están recogidas en este documento, que también contempla las sanciones. Se encuentran alrededor de los 300 euros.

El portavoz municipal cree que otra de las herramientas que puede poner fin a estos comportamientos tiene que ver con la red vecinal. «Desde el Ayuntamiento hacemos un llamamiento para que la población sea proactiva. Debemos denunciar cualquier acto incívico. Registrar la queja es clave», dice Castaño, quien descarta rotundamente endurecer la normativa y las sanciones, y apuesta por formar una red de voluntarios que ayude a hacer pedagogía acerca del incivismo y sus consecuencias.

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