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Tarragonès. El pasado se refleja en la orilla del mar

Esconde un rico patrimonio de la época romana y de la medieval junto a lugares de gran riqueza cultural, así como pequeños paraísos naturales de litoral

AGNÈS LLORENS ALTIMÍS

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El castillo de Tamarite, junto al mar. Foto: Pere Ferré

El castillo de Tamarite, junto al mar. Foto: Pere Ferré

Pasado, arquitectura, naturaleza y mar. El pasado del Tarragonès se funde de manera única con la riqueza natural conformada a partir de la costa y de los parajes naturales de la comarca, que elaboran un espacio lleno de contrastes marcado por el carácter propio del litoral y de las localidades de interior.

La Tarraco Romana
El año 2000 es una fecha importante para el Tarragonès, ya que fue el 30 de noviembre de este año cuando la Unesco declaró Patrimonio de la Humanidad el conjunto monumental de la Tarraco romana -que integra a los municipios de Tarragona, Altafulla, Constantí y Roda de Berà- una designación que puso en el mapa mundial a los restos arqueológicos que datan de la época de emperadores romanos como Augusto y Adriano.

 

Pont del Diable. Foto: Lluís Milián

En Tarragona, se puede disfrutar todavía de algunos de estos elementos, que toman el color de la Costa Daurada por el color de su piedra. Uno de los más identificables es el Amfiteatre. Con el paso del tiempo, el que fuera un espacio de espectáculo y juegos fue adaptándose a los diferentes usos y, hoy día, presenta los restos dos estructuras religiosas en sus instalaciones, que se construyeron con el paso de los siglos.

En las afueras, encontramos el Pont del Diable, uno de los acueductos que se alzó para asegurar el subministro de agua potable y que, hoy día, es una de las estructuras de este tipo más bien conservadas del conjunto del Estado.

Los restos de la antigua Tarraco también muestran el esplendor de este imperio en localidades como Altafulla, donde se ubica la Vil·la dels Munts, que, como el Amfiteatre y el Pont del Diable, data del siglo I dC y muestra cómo vivían los gobernadores provinciales de la Hispania Citerior.

 

El anfiteatro de Tarragona. Foto: Pere Ferré

Y hablando de esplendor, la riqueza de los gobernantes de la época romana se transluce también en monumentos como la cúpula de la Vil·la de Centcelles, ubicada en Constantí, que se erigió como monumento funerario y que alberga restos de mosaicos diseminados por toda la superficie de gran calidad técnica, dando forma a un mausoleo que atrae a los visitantes por su arquitectura única.

La Catedral de Tarragona

La visita a los monumentos de la Tarraco romana no puede finalizarse sin descubrir todos los secretos de edificio que domina la ciudad; la Catedral que se erige en la Part Alta, en el lugar en el que se alzaba el templo romano dedicado al emperador Augusto. El edificio ha resistido con solemnidad el paso de los siglos y, aunque fue concebida según las directrices del estilo románico en el último cuarto del siglo XII, se finalizó en el siglo XIV cuando las corrientes arquitectónicas ya eran plenamente góticas.

La edificación acoge una gran nave central y un coro de grandes dimensiones, que se enmarcan en varias capillas de singular belleza. La visita al edificio no debe olvidar el paseo por el claustro, el órgano, el altar mayor trabajado en mármol blanco, los retablos y el campanario, que ofrece una vista única de la ciudad.

Playa de los Muntanyans en Torredembarra. Foto: Joan Capdevila Vallvé

Els Castells del Baix Gaià

A pocos quilómetros de la capital, encontramos varios edificios que también comparten una amplia tradición histórica y que se inscriben en la Ruta dels Castells del Baix Gaià. Hasta doce poblaciones del Tarragonès se inscriben en este recorrido, que une los caminos de la cultura y la naturaleza, que trazan una subcomarca natural que sigue el tramo del río.

Entre ellos, destaca el Castell del Catllar, que desde el 2002 es la sede del Centre d’Interpretació de la Ruta dels Castells del Baix Gaià. Esta edificación permite medir el paso de la historia gracias a su estructura primigenia, fechada en el siglo XI, a la que se le añadieron dependencias durante etapas posteriores. En su estructura destacan las torres de la fachada principal, el patio central, su planta triangular y el foso, que culminan un señorial edificio que domina uno de los meandros del río.

El Modernisme de Jujol

Adelantándonos en el tiempo, el Tarragonès ofrece algunas edificios que, a menudo, permanecen en un segundo plano, pero que cuentan con la firma de importantes arquitectos de la historia de Catalunya, como Josep Maria Jujol, y que están declarados Bé Cultural d’Interès Nacional.

La casa Bofarull, obra del arquitecto modernista Jujol. Foto: Cedida

El que fue uno de los primeros espadas del Modernisme català dejó su rastro en obras como la Església del Sagrat Cor de Vistabella, construida en 1923, una construcción que destaca por su elaborado trabajo de la piedra y el ladrillo, con un impresionante despliegue de elementos decorativos.

Jujol también firma la Casa Bofarull, ubicada en Els Pallaresos y finalizada el 1930. Fruto de un encargo privado, el conjunto también cuenta con detalles que transformaron una antigua masía medieval en un espacio en el que sobresalen detalles de gran interés, como la fachada, la gran galería azul y los arcos que dotan a este espacio de una gran personalidad.

Una costa llena de atractivos

Dejando atrás los monumentos, el Tarragonès cuenta con atractivos naturales de gran belleza, entre los que destacan la costa que bordea la comarca y que permite disfrutar de arena dorada y de un mar en calma. El paseo por los varios caminos de ronda que, actualmente, se encuentran debidamente señalizados es una gran ocasión para disfrutar del paisaje.

Las opciones son varias. El visitante puede reseguir las costas de enclaves como Salou, Tamarit, Altafulla o Torredembarra. En Roda de Berà, se ubica el Roc de Sant Gaietà, un pueblo típico de pescadores de estilo mediterráneo, cuya edificación finalizó en el 1972 y que permite vislumbrar el mar desde construcciones que mezclan varios estilos y que dotan a esta zona un carácter único, gracias a detalles de calidad como las verjas trabajadas de forja en las que resalta la piedra de la Cantera del Mèdol.

Litoral de Altafulla. Foto: Ingocat

Además, el paseo permite también conocer aquellos parajes con un interés natural elevado. Entre ellos, sobresale la Sèquia Major de Vila-seca, una zona húmeda protegida, que se alimenta de las aguas del mar y del Francolí, que en la actualidad se ha preservado para proteger a la fauna y la flora. Un espacio similar en interés ecológico es la zona dels Muntanyans, en Torredembarra, que une la costa con un sistema de dunas y marismas que conserva sus valores naturales sin apenas intervención del hombre, albergando una gran cantidad de plantas y animales autóctonos.

En este contexto, la ruta por la costa del Tarragonès no debe olvidar el Bosc de la Marquesa, una arboleda de pinos que recorre algunas de las playas más escondidas de Tarragona y que permite el viaje en el tiempo a pocos metros del agua salada de la playa.

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