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Trabajadores de la química: «Nadie de la empresa nos ha llamado nunca»

Los testimonios. Un año después del siniestro, algunos de los trabajadores que aún están de baja afirman que la compañía «solo quiere maximizar beneficios»

ACN

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Trabajadores de la química: «Nadie de la empresa nos ha llamado nunca»

Trabajadores de la química: «Nadie de la empresa nos ha llamado nunca»

Hoy hace un año de la explosión en la empresa química Iqoxe que causó tres muertos, varios heridos y una gran sensación de inseguridad y fragilidad a toda la población del Camp de Tarragona. Algunos de los trabajadores todavía están de baja por las secuelas físicas y psicológicas que les causó el siniestro. «Ningún directivo ni nadie de la empresa nos ha llamado nunca para saber cómo estamos», aseguran. Una afirmación que contrasta con la versión que siempre ha dado la química, que ha presumido de preocuparse por los damnificados. Asimismo, señalan que Iqoxe «continúa sin velar por la seguridad» y «solo se preocupa por reabrir las plantas de producción y maximizar beneficios».

«Tengo problemas para poder dormir con normalidad. Estoy muy nervioso, intranquilo, no puedo hacer un día a día medianamente normal», explica uno de los empleados. Todavía hoy hay siete personas de baja por diferentes consecuencias relacionadas con la deflagración. Todas las personas que han aceptado dar su testimonio han pedido mantenerse en el anonimato. Tienen miedo de la química y de las represalias que puedan sufrir ellos, sus familias y sus compañeros. Un temor que ya existía en la plantilla antes de la explosión y que en los últimos meses incluso se ha incrementado.

Un año después del siniestro lamentan que «Iqoxe ha mentido en todo». «Hace unos días oí declaraciones del representante de la empresa que decía que para ellos es muy importante la atención a los accidentados y los familiares. Me indigné. Pueden mentir en temas técnicos o en temas administrativos, pero mentir en cuestiones personales de los trabajadores es muy grave», comenta uno. «Nadie ha llamado nunca a ninguno de los heridos. Nunca. Quizás a algún compañero una llamada le habría ayudado a sentirse acompañado», añade otro. Asimismo, reconocen que la química no les ha ofrecido ninguna indemnización y que todo el tratamiento médico que han tenido que hacer ha sido mediante la seguridad social y mutuas privadas contratadas por los empleados.

Para ejemplificar la frialdad en el trato por parte de Iqoxe recuerdan el caso de uno de los heridos. Era un trabajador joven que llevaba unos tres meses en la empresa con un contrato temporal. Cuando aún estaba en el hospital recuperándose la compañía le comunicó que se le había terminado el contrato y que no le renovaban. «Quizás es legal, pero éticamente es horrible», constata un testigo. Y un compañero completa: «una empresa normal, que además factura millones de euros, habría intentado recolocarlo y ayudarle».

La situación personal de cada empleado es diferente, pero a todos les está costando mucho pasar página e intentar mirar al futuro. Un futuro incierto y que estará condicionado, en algunos casos, a su recuperación. «Allí no vuelvo. Acabé muy mal. Nunca más volveré a trabajar en ninguna empresa química», afirma taxativamente un trabajador que aún está de baja.

Otro, en cambio, duda: «Estoy en un punto que no miro al futuro. A día de hoy no puedo pisar la empresa, me es imposible. Me gustaría quitarme toda la mierda que tengo en la cabeza y poder trabajar. Quisiera hacer vida normal y hacer todo lo que hacía antes, pero no puedo. No me puedo concentrar más de un minuto seguido, no puedo leer más de una página de un libro ni estar diez minutos viendo una película en el sofá. Salir a la calle con gente me cuesta, si salgo es para estar solo. Soy sociable y nunca había sido así», lamenta. Otros se conforman en poder continuar trabajando en Iqoxe, conscientes de que les costaría mucho encontrar un trabajo similar en el sector en Tarragona.

Apuntan a Morlanes

Con todo, adelantan que la situación dentro de la empresa no ha cambiado mucho desde la explosión y señalan directamente al consejero delegado de la empresa, José Luis Morlanes. «Mientras haya Morlanes al frente no cambiará nada. Seguirán buscando el máximo beneficio y tener menos personal», afirma uno.

Esta persona incluso le acusa de ser el máximo responsable del mal ambiente y del clima de miedo que hay en la empresa. Hasta el punto de que varias veces, desde los pasillos de al lado de los despachos de los altos cargos, ha oído como con gritos ha insultado y despreciado al director de la planta, Juan Manuel Rodríguez Prats. Ambos son los dos principales investigados por la causa judicial. «Pirata» o «líder sectario» son algunos de los calificativos que le dedica la plantilla.

Los trabajadores expresan muchas dudas sobre las promesas de la compañía de mejorar la seguridad. De entrada dicen que van muy cortos de personal. Además, ponen sobre la mesa la bunquerización de las salas de control. Un aspecto que la empresa públicamente ha dicho que hará. Pero en los últimos meses se han puesto en marcha algunas plantas y los empleados afirman que, de momento, nada de salas bunquerizadas.

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