Un molino para Burkina Faso que se mueve desde Tarragona

Solidaridad. Las tarraconenses Blanca y su hija Umu han abierto una campaña de micromecenazgo para mejorar la vida de las mujeres del poblado de Dampam

01 diciembre 2019 10:50 | Actualizado a 01 diciembre 2019 16:18
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«En las zonas rurales de Burkina, las mujeres están cansadas; trabajan desde el amanecer hasta entrada la noche. Hay que ir a buscar agua y leña, muy a menudo haciendo largas caminatas y cargando mucho peso, cocinar, cultivar la tierra, ocuparse de los niños y los ancianos que viven en casa...». Lo cuentan las tarraconenses Blanca Rigau y su hija adoptiva, Umu, quien nació en el país africano.

Ambas viajan con frecuencia a Burkina Faso y participan en diferentes iniciativas para mejorar las condiciones de vida en aquel país. Esta vez se han propuesto una meta muy concreta: comprar un molino de grano con motor a gasoil para el poblado de Dampan, al este del país.

En la campaña, que han abierto a través de la plataforma Gofundme, explican que «las mujeres invierten mucho tiempo y esfuerzos moliendo en los grandes morteros de madera el maíz y el mijo para obtener la harina para elaborar el tô, que es la base de la alimentación del país».

Además, señala Blanca, el cereal es de los pocos cultivos que hay en esta zona donde apenas llueve.

Para conseguir su objetivo necesitan 2.500 euros, de los cuales ya han conseguido 1.300 a través de las donaciones de 23 personas, algunas de ellas de manera anónima.

El molino lo comprarán en la ciudad de Bobo Dioulasso. La asociación de mujeres de Dampan se compromete a hacerse cargo del transporte del molino hasta la población y de los costes de funcionamiento y mantenimiento del mismo.

Aunque tal vez uno de los detalles más interesantes de esta historia es cómo nació la relación de Blanca con África en general y con Burkina Faso en particular.

Una historia de amor con África

Relata que cuando tenía 26 años (hoy tiene 57), había terminado la carrera de veterinaria y consiguió trabajo en la Generalitat. «Vi que tenía un futuro demasiado tranquilo por delante», cuenta sonriente. Por ello, con su primer sueldo pagó su primer viaje a Zaire con una amiga «y me enamoré del África negra», reconoce.

A partir de ese momento comenzó a pensar alguna forma de regresar y quedarse más tiempo. Así como fue como pudo ir como cooperante de la ONU, esta vez a Burkina Faso, entre 1989 y 1990. Allí se dedicó a asesorar a mujeres de doce poblados en el trabajo con las abejas. «Fue la gran experiencia de mi vida», recuerda.

Pero la relación no acabaría allí. De aquel viaje Blanca regresó a España con Umu, su hija mayor, que hoy tiene 30 años, es abogada y vive en Madrid. Cada dos años viajan a Burkina Faso a visitar a la familia biológica de Umu y a los amigos y, de paso, colaborar en algún proyecto. En otras oportunidades han ayudado con pozos de agua.

El próximo viaje lo tienen programado para el verano del año que viene. Su idea es ver en persona cómo está funcionando el molino y el cambio que ha supuesto para la vida de Dampan.

Blanca considera que esta es una manera de agradecer lo que ha recibido de aquel continente «creo que soy la persona que soy hoy gracias a mi experiencia en África».

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