La Tarragona en miniatura de Pere Soler

Este tarraconense lleva más de veinte años reproduciendo fielmente iglesias y otros rincones con encanto de la ciudad

| Actualizado a 07 diciembre 2021 06:49
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La Catedral de Tarragona y el Pla de la Seu, la Plaça del Pallol, la iglesia de Sant Pere del Serrallo, la de Altafulla, el edificio del Pòsit o el Amfiteatre Romà. Estas son solo algunas de las reproducciones en tamaño pequeño que el tarraconense Pere Soler lleva más de veinte años haciendo. Sus dos talleres, uno en la Rambla Nova, y el otro en la Platja Llarga, son los hogares de estas piezas únicas e irrepetibles. Solo algunos privilegiados hemos podido ver de cerca lo que sería la Tarragona en miniatura.

Pere Soler Albarracín nació en febrero de 1941 en la calle Smith. Era el segundo de seis hermanos. Sus padres, Pedro y Dolores, viajaron desde Garrucha (Almería) hasta Tarragona. El padre era pescador, por eso la familia vivió siempre cerca del barrio marinero. De profesión, electricista y fontanero, Soler ha sabido combinar en los últimos veinte años su trabajo con su afición: las maquetas.

El origen de esta pasión nos sitúa en la tienda de discos que regentaba su esposa, Anna Maria, ubicada en la esquina entre la calle Hernández Sanahuja y la plaza conocida popularmente como Cronista Sessé. Soler tenía en el interior del establecimiento un taller. Era alrededor del año 1990, cuando el protagonista recibía una postal con la imagen de la fachada de la Catedral de Tarragona. Se la enviaba su amigo Joan Anton Porqueras. «Me impactó la fotografía, sobre todo, el rosetón», recuerda Soler. Le gustó tanto que quiso reproducirlo. Más tarde, un vecino –que era arquitecto– le hizo un boceto y le animó a hacer la maqueta entera. «No sabía ni por dónde empezar», explica. Pero acabó consiguiéndolo.

Soler tardó un año entero para reproducir la Catedral y el Pla de la Seu. No se dejó perder ni un solo detalle. «Los sábados por la tarde, que yo libraba en el trabajo, iba a la tienda a hacer compañía a mi mujer. Era entonces cuando me ponía en el taller», recuerda. Después de la primera maqueta, vino otra y otra y otra.

«Cuando había terminado la Catedral, un día, paseando por el Casco Antiguo, me llamó la atención la Plaça del Pallol. Además, allí nació mi mujer. Así que me puse manos a la obra», explica Soler. Después fue el turno de la iglesia del Serrallo, la de Sant Joan y la de Altafulla. También del Amfiteatre, del Santuario del Loreto y del edificio del Pòsit, entre otros muchos. La lista es casi infinita. Una de las curiosidades es la manera en la qué reproduce fielmente los altares de las iglesias. Cuida hasta el último detalle.

Las maquetas están hechas mayoritariamente de porexpán, pero también utiliza hilo de cobre para las ventanas, y listones de madera para persianas o rejas. Además, pone en práctica sus aptitudes de electricista para dar luz a todo el conjunto escultórico.

Un manitas desde siempre

Soler ha sido totalmente autodidacta. Nadie le ha enseñado nada. Sus hijos aseguran que siempre ha sido un manitas. Todavía recuerdan cuando su padre les montaba unos pesebres de ensueño cuando llegaba la Navidad. Según su familia, fue aquí donde empezó todo.

Ahora, que ya está jubilado, dedica mucho más tiempo a su afición. «Me pongo después de desayunar, paro para comer y, por la tarde, otro ratito más», explica. Es habitual encontrarse al protagonista de hoy en los bajos del número 125 de la Rambla Nova. Allí tiene su taller que le sirve de mucha inspiración. Los más pequeños, a la salida del colegio, aprovechan para acercarse a su ventana y contemplar boquiabiertos su trabajo.

Además, cuenta con una especie de almacén, cercano a la Platja Llarga, donde guarda las maquetas ya terminadas. «Me gusta y me relaja hacer esto. De hecho, cuando estoy acabando una maqueta, ya pienso en la siguiente. Intento siempre tener dos en marcha por si me colapso en una. La dejo y, unos días después, la recupero», explica Soler.

Su familia desprende orgullo. Todos llevan en el móvil fotos de las obras de arte de su padre para poderlas enseñar y presumir. Hace un año pudo exponer sus maquetas en el Ateneu de Tarragona. La muestra tuvo mucho éxito.

La última de sus obras de arte ha sido la Catedral de Notre-Dame de París. Ha tardado solo tres semanas en hacerla. Ahora, el protagonista asegura estar abierto a nuevas propuestas que le inspiren. La Tarragona en miniatura de Pere Soler debería formar parte del patrimonio de nuestra de ciudad.

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