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Nueva categoría, mismo maleficio (Atlético Sanluqueño 0-0 Nàstic)

El Nàstic sigue sin ganar en la primera jornada tras empatar en El Palmar

Juanfran Moreno

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Pedro del Campo despeja el balón bajo la presión de un rival. Foto: Atlético Sanluqueño

Pedro del Campo despeja el balón bajo la presión de un rival. Foto: Atlético Sanluqueño

El maleficio sigue vivo también en Primera RFEF. El Nàstic sigue sin ganar en la primera jornada y ya son doce años sin hacerlo. Ayer empató en su visita al Atlético Sanluqueño en un partido muy igualado en el que hubo pocas ocasiones de gol. Si hubiese sido boxeo, probablemente se lo hubiesen llevado los granas, pero como es fútbol, el botín se repartió y no hubo vencedor. ¿Lo mejor? El nivel defensivo del equipo. ¿Lo peor? La falta de claridad en metros finales. En todo caso, el punto de partida es bueno.

Si alguien esperaba que en esta Primera RFEF se iba a encontrar una alfombra roja ya se ha dado cuenta de que no andaba en lo cierto. El barro sigue siendo barro. Porque la Segunda B ha cambiado de nombre, pero mantiene su esencia. Encuentros físicos y trabados sobre verdes en los que el balón no rueda con la regularidad deseada. Una categoría que suele premiar lo físico y lo táctico y no tanto el talento.

El Nàstic compareció siendo fiel a sus principios en El Palmar. Un equipo intenso, valiente en la presión y muy vertical. Eso provoca que los encuentros se sitúen en un alto ritmo de juego. Si sales algo menos enchufado, lo pagas. No lo pagó el Atlético Sanluqueño porque mantuvo la compostura en fase defensiva, pero lo cierto es que vivió atrincherado durante los primeros 10 minutos. El conjunto dirigido por Raül Agné ganaba las disputas y estaba certero en una presión alta que incomodaba a los gaditanos.

Hubo sensación de dominio en el tramo inicial, pero poco a poco se fue derritiendo. El Atlético Sanluqueño comenzó a subir una marcha y el encuentro entró en un terreno de igualdad constante. No había respiro en un duelo vertical en el que no se daba un pase de más porque los dos equipos estaban diseñados para morder al rival. Tampoco ayudaba el estado del terreno de juego. Si la Primera RFEF quiere acercarse al fútbol profesional debe mejorar en este sentido desde ya. Está bien que el césped artificial vaya a ser historia en un futuro a corto plazo, pero el césped natural de los estadios también debe estar a la altura. No obstante, no es una excusa para el Nàstic porque el verde estaba igual para los dos.

Fue una primera mitad en la que apenas hubo sustos porque las dos defensas ofrecieron síntomas de fiabilidad. Poderosas en el juego aéreo y sin errores en el despeje. La clave para encuentros en los que la verticalidad reina. El Nàstic fue el que tuvo las aproximaciones más claras. Un cabezazo de Fullana que no encontró puerta y una mala transición tras robo de Carbia, la sorpresa en el once, fueron los dos primeros avisos antes de la ocasión más firme. Robert Simón recibió el cuero en el costado derecho al borde del descanso y tras sortear al rival con un cambio de ritmo se sacó un centro de la nada sobre la cal. Es experto en ello y por lo tanto no se puede interpretar como una casualidad. Su envío era un globo que bajó empicado y encontró el larguero del palo largo de la portería de Falcón que repelió el cuero para el alivio local. Ese fue el gran susto en una primera mitad en la que hubo más intensidad que ocasiones.

En la segunda parte, el Nàstic volvió a irrumpir con firmeza. Esta vez incluso mejoró la puesta en escena de la primera mitad porque ofreció una mayor sensación de peligro. La banda derecha fue un ecosistema en el que Robert Simón y Pedro del Campo se entendieron. Uno pegado a la cal y el otro ocupando pasillos interiores.  

En una de las posesiones más largas en campo contraria llegaría una de las primeras amenazas en la segunda mitad. El cuero terminó en la banda derecha. Robert Simón tuvo tiempo para preparar el envío y colocó un centro medido que Carbia remató. El tarraconense conectó un cabezazo que le salió centrado.

Agné agitó la dupla ofensiva buscando otros registros. Pablo Fernández y Fran Carbia dieron entrada a Pedro Martín y Édgar Hernández, por potencial ofensivo no será. Precisamente el malagueño fue el que tuvo la ocasión más clara de todo el partido. Fue en otro centro desde el costado derecho que el punta malagueño ganó. Lo hizo en boca de gol, pero no lo dirigió a la meta, sino que fuera de ella.

Fueron los mejores minutos de un Nàstic que tras la tromba inicial se volvió a apagar. El Atlético Sanluqueño amenazó con un centro chut, pero poco más. Al equipo andaluz le falta chispa ofensiva y frente a un conjunto grana que apunta a ser un muro defensivo se hizo más evidente esta carencia. El empate reinó al final del encuentro. La Primera RFEF ya no ofrece incertidumbres.

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