¿Algo huele mal? Los vinos con defectos también existen

La sumiller Anna Casabona le ayuda a detectar, a través del  aroma y el sabor, los problemas más comunes

16 julio 2017 19:05 | Actualizado a 15 febrero 2019 18:45
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Sabor a corcho, aroma avinagrado o en el peor de los casos un ligero aroma a heces. Son algunos de los defectos del vino, y que pueden fastidiar cualquier botella de vino. Es bastante complicado encontrar vinos con defectos. Aun así siempre existen excepciones. «Algunos defectos del vino son enfermedades y otros degeneraciones del vino», afirma la sumiller Anna Casabona y recuerda que «el vino es un elemento vivo. Igual que es un alimento para nosotros, también es un alimento para muchos microrganismos». 

Los defectos más comunes que puede encontrar en una botella de vino son cinco:

El sabor a corcho. Este es un defecto que afecta al tapón. Según Anna Casabona hasta un 3% de todos los corchos del mundo podrían estar afectados. La culpable es una bacteria. «Lo que hace es descomponer uno de los elementos del tapón y lo transforma en TCA (Tricloroanisol), una substancia cuyo olor es muy intenso». Reconocerá este defecto si percibe un aroma a cartón mojado e incluso a mohoso, y si los demás aromas desaparecen. En boca la cosa no mejora. Es más áspero y seco. Si le ocurre en un restaurante no tenga reparo en devolver la botella, porque el vino es insalvable. La única solución realmente 100% efectiva, según la sumiller, es utilizar corchos tratados u otros tipos de cierres, como la rosca, el tapón de vidrio, etc. 

Picado o avinagrado. La culpa es del oxígeno y de las bacterias acéticas. En aroma recuerda a vinagre y a niveles más bajos el olor recuerda al pegamento y medio de toda la vida. Puede tener una botella de vino picado sin abrirla. Esto significa que la bebida se ha echado a perder en la bodega. En cambio, si la botella está abierta desde hace días, es fácil que el vino se le avinagre, ya que la exposición al oxigeno es mayor. Puede proteger su vino comprando unas bombas para hacer el vacío al vino y extraer el oxígeno. El picado también puede ser una característica del vino. Hay vinos que a lo mejor tienen muy poco ácido acético producido durante su elaboración, y que a niveles bajos puede ayudar a dar complejidad y frescor al vino.

La oxidación es el defecto más común y cuyo olor recuerda a rancio

Bret. Es el diminutivo del nombre de una levadura, la brettanomyces. La levadura responsable de elaborar el vino es la saccharomyces cerevisiae pero a veces le puede salir competencia, aquí es donde aparece la levadura Bret. Aporta al vino olor a cuadra de caballos, en los casos más graves, o también un ligero aroma a heces. Aunque le cambien la botella en el restaurante la siguiente tendrá el mismo problema, ya que el defecto surge en la elaboración. Todos los problemas que empiezan en la bodega afectan a todas las botellas de un lote. 

Oxidación. Es el defecto más normal. El vino que está muy en contacto con el oxígeno también se puede oxidar. El aroma será rancio y en boca tampoco es demasiado agradable. Esto puede suceder en la bodega o puede ocurrirle en casa si tiene una botella unos días abierta y sin protección. El peor pronóstico es que un vino se oxide y que también se pique. 

Reducido. Es un vino que huele a habitación cerrada o a lata de espárragos recién abierta. Lo que necesita este vino es coger aire, oxigenarse. La solución es decantarlo. Pero no es suficiente con abrir la botella dos horas antes de la comida. Mejor utilizar una jarra o un decantador donde trasvasar el vino, o en su defecto tener a mano un spin wine, que hace la misma función.
Ahora ya puede saber cuando un vino es defectuoso.  Ante cualquiera de estos defectos nunca pierda la esperanza de disfrutar de una buena botella de vino. Si con la primera ha tenido mala suerte, seguro que con la segunda tendrá mejores posibilidades.

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