«Compartir la procesión con tus hijos es una de las mejores sensaciones»

La reaparición del paso del Descendiment de la Creu y el cambio de recorrido, principales novedades de la más multitudinaria procesión del Sant Enterrament

29 marzo 2024 22:32 | Actualizado a 30 marzo 2024 08:49
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Si hay un día en Tarragona donde la Part Alta luce más bonita que nunca es en Viernes Santo. Ayer, la procesión del Sant Enterrament convirtió sus calles en el perfecto escenario para explicar la vida y pasión de Cristo. Esa luz solemne, combinado con la música de las bandas y el silencio del público, emocionó a un público como el que hacía años que no se veía. Mucha gente, tanto viendo la procesión como en las calles adyacentes. Nadie se quería perder el día grande de la Setmana Santa Tarraconense.

Cerca de cuatro mil cofrades y una veintena de pasos desfilaron por las calles de la Part Alta acompañados de tambores, cornetas y otros instrumentos de viento. La procesión estuvo marcada por las dos principales novedades de este año. En primer lugar, la participación del paso del Descendiment de la Creu, que no pudo salir el año pasado por culpa de una avería. La segunda novedad tiene que ver con el recorrido. Los misterios llegaron a la Baixada Peixateria, a través de las calles Portalet y Trinquet Nou, dejando atrás el cruce de pasos en la calle Sant Agustí. Todo un acierto por parte de la organización. «Me parece mucho mejor esta opción. De la otra manera, se juntaban los pasos que procesionaban y los que volvían», decía Lourdes Mena, una espectadora que tiene como costumbre ver la procesión en la Rambla Vella.

Eran las siete y media de la tarde, cuando la Plaça del Rei vivía su máximo momento de esplendor. No cabía ni una aguja. Portants entrando en sus pasos, cofrades poniéndose bien la cola, timbalers colocándose la capucha y los organizadores, walkie en mano, ultimando detalles. Todo listo. Comenzaba la procesión.

Quien estaba un tanto nerviosa era la joven Maria Badia, de 23 años y, desde ayer, miembro del paso de la Flagel·lació. Sus padres y su hermano llevan años formando parte de la congregación. A ella nunca le había interesado. Hasta hace un par de días, cuando desde la entidad le pidieron que condujera el misterio durante la procesión, ya que el conductor titular había fallado. «No me lo pensé mucho. Acepté el reto y aquí estoy. Ahora sí, un poco nerviosa», decía Badía, quien añadía que «sobre todo me preocupan las calles estrechas». La joven estuvo a la altura de lo que se le requería. El freno y el cambio de dirección del paso fueron sus mejores aliados durante el recorrido.

Lo cierto es que las historias humanas que hay detrás de cada congregación dan sentido a esta procesión y a nuestra Setmana Santa. Prueba de ello es la historia de Christian y sus tres hijos, Arnau, Roger y Jofre, quienes ayer vivieron su edición más especial. Christian entró por amor a formar parte como portant del misterio del Sant Enterrament, del Gremi de Marejants. Era en el año 1993 y estaba empezando con una joven serrallenca, que llevaba toda la vida vinculada a la entidad. Ayer, por primera vez, le acompañaban debajo del paso sus tres hijos, de 23, 21 y 18 años. «Compartir la experiencia con tus hijos debe ser una de las mejores sensaciones del mundo», explicaba Christian Borràs. Lo mejor del caso es que no era el único. Al menos tres portants más comparten afición con sus sucesores. «Hay una buena cantera en nuestro paso. Este año hemos bajado la media de edad», decía Borràs, minutos antes de iniciar el desfile.

Sin ninguna duda, la gran atracción de la procesión era ver como el paso del Descendiment de la Creu bajaba por la Baixada Misericòrdia. Y es que, en la procesión del año 2022, el misterio se averió justo en este punto del recorrido. Ayer, con el paso totalmente arreglado y con el sistema de frenado más afinado que nunca, los miembros de la entidad celebraban el reencuentro. «Entre la pandemia, la avería y las lluvias llevábamos cinco años sin una procesión normal», apuntaba el cap de portants del misterio, Àngel Vicient, quien no podía esconder la alegría del momento.

«Lo ves papá, sí que podía»

Otra de los activos de esta procesión son las mujeres que llevan los pasos. Cada vez es un hecho menos excepcional. En casi todas las entidades hay chicas debajo de los misterios. Es el caso de Silvia Boada, quien ayer llevó a hombros el Ecce Homo. Aseguraba que llevaba años pidiéndolo, después de pasar por filas y por la banda de tambores. Ayer, por fin, consiguió su sueño junto a su hermano. Dedicó la procesión a su padre, quien también era portant del Ecce Homo y que falleció hace unos siete años. «Si estuviera aquí le diría: Lo ves papá, sí que podía», decía Boada, entre nerviosa y emocionada, al terminar la procesión.

Sin ninguna duda, las calles más difíciles y a la vez más mágicas fueron las de la Part Alta. Si tuviera que elegir una sería la de Escrivanies Velles. Calle estrecha, silenciosa, a pocos metros de la Catedral y donde se juntan la mayor parte de cámaras de televisión. «Pasar por aquí es siempre una aventura», decía, muy bajito, una cofrade del Pas de la Presa de Jesús.

Hacía años que no se veía tanta afluencia de público en la procesión como ayer. Llamaba la atención la cantidad de turistas que contemplaban los misterios. Flojito, porque pasaba un paso, decía Adam Alain, un alemán que veía por primera vez la procesión: «Estas figuras tienen un valor patrimonial enorme. ¡Les felicito!». Quizás ha llegado el momento de empezar a creérnoslo.

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