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De emprendedores locales a recaderos digitales

Todo ha sido deglutido por un puñado de plataformas digitales. Todos aquellos sueños de emprendedores de barrio han sido convertidos en los billones muy reales de un grupo de billonarios

Lluís Amiguet

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De emprendedores locales a recaderos digitales

De emprendedores locales a recaderos digitales

Recorro Tarragona y Reus y me faltan tiendas de ropa, librerías, de electrodomésticos, de deportes, cines, por Dios, nuestros cines de barrio… Llegamos a tener en la Rambla Vella hasta uno de Arte y Ensayo. ¿Dónde están aquellas tardes de escaparates, de pipas y palomitas en una sala oscura junto a la persona que querías quererla querer y ella no? Mi madre tenía tres tiendas: una en Tarragona, junto al Foro; otra en el Raval Robuster de Reus y otra en Tortosa. Y aún siguen en su corazón de pequeña empresaria. ¿Qué ha pasado con todos aquellos tarraconenses y reusenses que montaban su negocio llenos de ilusión y que aprendían que para vender hay que haber regalado antes simpatía para empezar?

Pues que todo ha sido deglutido por un puñado de plataformas digitales cuyos nombres no pienso repetir aquí por si aún queda alguien que prefiere ir andando a comprar que poner la visa en una web de internet y que se lo traigan a casa -qué cómodo- mientras mira otra plataforma de películas.

Antes, además de ver el film, hubiera tenido la oportunidad de comentarlo con amigos, porque el goce de la obra comenzaba al salir del cine cuando por fin podías comentarla con los colegas.

Todos aquellos sueños de emprendedores de barrio han sido convertidos en los billones muy reales de un puñado de billonarios. Nuestro comercio agoniza. Si mi madre en vez de ser orgullosa empresaria hoy con sus tiendas quisiera dedicarse al comercio, sólo encontraría trabajo de repartidora para esas plataformas. Y con un sueldo digital ridículo.Pero no pasa solo en nuestras ciudades; todo el planeta pierde oportunidades de encontrarse, discutir, mercadear, regatear, mirar escaparates, emprender… Barcelona también se está desertizando mientras sus cines se convierten en parkings para esas plataformas.
Y no es la pandemia la que origina esta enfermedad de las persianas bajadas. El virus sólo ha acelerado la expansión del de la digitalización, que no es sino la mayor renuncia a nuestro bienestar colectivo desde que la industrialización acabó con culturas  rurales que merecían mejor suerte.

«Durante las últimas décadas, esas plataformas de venta por internet han aumentado la desigualdad y concentrado la riqueza en poquísimas manos. Y el gobierno ha permitido que los trabajadores, los granjeros y los pequeños negocios pagarán el precio». Las palabras -un rayo de esperanza- son del presidente de los EEUU.
También lo es la multa de 300 millones a Google en Francia por lucrarse con contenidos de todos los medios de comunicación como los de este diario sin compensarle.

Google alega que los medios nos lucramos con el tráfico que al incluir nuestros contenidos nos proporciona. Nada más falso: en realidad a Google, como a Facebook y las demás plataformas digitales sólo lo alimenta nuestra dedicación y trabajo. El tráfico lo generan las noticias, textos y fotos que sí requieren de la elaboración profesional que logra que merezcan ser leídas.
Los periodistas, como los botiguers, estamos pagando un precio enorme por lo que se nos vende como tecnología y modernidad, pero por ahora sólo es un modo burdo de convertir a profesionales dignos de una prensa independiente en operarios de fábrica digital de contenidos.

Las plataformas tienen que pagar por sus desmanes y compensarnos a los europeos, para empezar, el daño enorme que nos están infligiendo mientras creemos que nos regalan mails, fotos, mapas, música y pelis… Tenemos que organizarnos y, como los obreros de antaño, exigir con nuestro voto y nuestra acción lo que es nuestro antes de que todos trabajemos por cuatro bitcoins para Google, Amazone, Facebook, Instagram, Twitter y toda la panda de vampiros de la vida local.

Periodista. Lluís Amiguet es autor y cocreador de ‘La Contra’ de ‘La Vanguardia’ desde que se creó en enero de 1998. Comenzó a ejercer como periodista en el ‘Diari’ y en Ser Tarragona. Su último libro es ‘Homo rebellis: Claves de la ciencia para la aventura de la vida’.

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