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La proliferación de alquileres turísticos complica el acceso a la vivienda en el Priorat

Los municipios con más pisos vacacionales tratan de subirles el agua o las basuras y buscan opciones sociales para los vecinos. Lamentan que «hay quien viene a instalarse y no puede»

Mónica Pérez

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Una imagen de archivo de la Plaça de la Vila de Cornudella. FOTO: Pere Ferré

Una imagen de archivo de la Plaça de la Vila de Cornudella. FOTO: Pere Ferré

El auge de las viviendas turísticas en muchos municipios del Priorat convierte prácticamente en misión imposible dar con alguna casa disponible y a precio razonable donde establecerse. El problema afecta a vecinos pero, sobre todo, a personas de otras poblaciones que quisieran instalarse en la comarca y que, pese a buscar durante largo tiempo, no encuentran alternativas dentro de sus posibilidades y acaban por renunciar. 

Los ayuntamientos afectados estudian resquicios legales para revertir la situación, antes más típica del litoral pero que se está extendiendo hacia el interior: incrementos en las tarifas del agua o subidas de la tasa de basuras a estas viviendas, o el impulso a los alquileres sociales son algunas de las opciones en que ahora trabajan varios de ellos. En el registro del Departament d’Empresa de la Generalitat figuran unos 160 pisos turísticos dados de alta en el Priorat.

«Aunque llevo años buscando una casa para quedarme a vivir aquí, y pese a que tengo un trabajo con un sueldo bastante normal, no lo he conseguido», explica una vecina de la zona que prefiere mantenerse en el anonimato. La misma persona apunta que «en especial el turismo de montaña, pero todo el turismo en general, está desplazando a los residentes» y disparando «por encima de las posibilidades de cualquiera» los precios en el escaso mercado que pueda existir, y lamenta que la cuestión impacta especialmente «sobre la gente joven». «Si nada cambia», valora, «la montaña acabará siendo un Salou o una Pineda». 

Cornudella de Montsant es, en porcentaje, la tercera localidad del Priorat con más viviendas de uso turístico. Su alcalde, Salvador Salvadó, es consciente del problema y detalla que «nos faltan domicilios donde poder vivir todo el año porque muchos se han percatado de que crear un piso turístico es verdaderamente fácil, se exigen pocos requisitos y, en cambio, resulta muy rentable; hay quien se gana la vida así». Esto «es un hándicap grande para el Priorat», añade Salvadó, que expresa que no es fácil pero «estamos estudiando cómo podríamos endurecer las medidas» que se aplican a este tipo de actividad. Una posibilidad que está analizando Cornudella es «que el precio del agua sea más alto para los alquileres turísticos porque, al final, son negocios y tampoco es lógico que paguen lo mismo que un particular». También se sopesa «que para ejercer de viviendas turísticas tengan que mejorar las fachadas y así, como mínimo, el pueblo esté bonito». 

La pandemia ha llevado a muchos a teletrabajar y «es gente que ha pensado en irse a un pueblo, que ve que aquí tiene los mismos servicios que en la ciudad, y que quiere una casa pero no la tiene». Además, tal como concreta Salvadó, «las pocas casas que sí están a la venta tienen precios astronómicos». 

A lo largo de los últimos meses «ha venido mucha gente y ya somos cerca de 1.040 habitantes», pero «quien ha podido hacerlo es quien ya tenía aquí un sitio para vivir». Solucionar esto «sería clave para evitar la despoblación» y no hay que olvidar que «si en lugar de tantas viviendas turísticas tuviésemos más vecinos todo el año, el ayuntamiento contaría con más recursos». 

Que los residentes se están viendo reemplazados por «un perfil de turista que es de montaña y de escalada» lo saben también en Margalef, donde más del 16% de las viviendas son casas vacacionales. Joaquim Vila, su alcalde, avanza que «tenemos un proyecto para generar pisos de alquiler social que, aunque sean cuatro, puedan empezar a compensar de alguna forma a partir del año que viene». 

Margalef recibe «muchos visitantes que vienen a escalar y eso lo aprovechan los pisos turísticos, que son rentables para el dueño». Para quien busque un alquiler de larga duración «hallarlo puede ser difícil y, en general, los precios han subido». Salou –con cerca de un 8,4%– tiene menos proporción de pisos turísticos que Margalef y al menos ocho localidades del Priorat superan el umbral de Barcelona ciudad, que el INE fija cerca del 2%. 

Para el experto inmobiliario Manel Sosa, no hay duda de que «ha habido un cambio de negocio y faltan viviendas para el alquiler normal». Con los pisos vacacionales, los propietarios «obtienen ‘cash’, cobran por adelantado y no esperan los problemas de un inquilino fijo: nadie les va a dejar de pagar y se evitan okupaciones». Aunque los inmuebles que se prestan a esto suelen pertenecer a personas de más edad, «es una segunda generación, la de los hijos o los nietos, la que se mueve por internet y dinamiza el alquiler turístico». El modelo surgió en la costa pero, tal como precisa Sosa, «parece estarse desplazando también hacia el interior». Con la irrupción de la Covid-19, «hubo un parón en el turismo y se volvió más al arrendamiento ordinario», pero la posterior recuperación y la explosión del turismo de proximidad «ha hecho que este sistema regrese».

También en el Baix Camp

El escenario no es exclusivo del Priorat y se está dando también, aunque en menor medida, en el Baix Camp. La alcaldesa de Arbolí –alrededor del 7,5%–, Magda Seriol, constata que los ayuntamientos «tenemos poco margen de maniobra» pero, aprovechando el que les queda, recuerda que «ya aprobamos un incremento del 50% del IBI a las casas vacías, porque existen algunas cerradas y a precio como de Plaça Prim, y estamos estudiando modificar el impuesto de basuras a los pisos turísticos». En el consistorio «tenemos identificadas unas nueve viviendas turísticas, y hay gente que quiere vivir aquí y no encuentra casa».

Un conflicto que empezó en la costa y que ha alcanzado el interior

El problema asociado al auge de los pisos turísticos, que históricamente se ha relacionado con municipios de la costa y con un perfil concreto de turista, sorprende ahora al producirse también en el interior. Localidades que convivían sin mayor inconveniente con el flujo de visitantes empiezan a sufrir las consecuencias de la falta de alquileres ordinarios. El experto inmobiliario Manel Sosa recuerda que «en Barcelona hubo un ‘boom’ que explotó y eso hizo que los precios subieran como la espuma» e indica que lo que ahora sucede en el Priorat «pasa también, por ejemplo, en puntos del interior de España; falta masa crítica de viviendas para el alquiler normal». «Antes, en los pueblos se alquilaba mayoritariamente a alguien que iba a trabajar por la zona y ahora esto ya no es tan así», concluye. En Falset, el porcentaje de pisos turísticos ronda el 0,6%, en Reus está cerca del 0,3% y en Tarragona se sitúa alrededor del 1,03%.

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