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«Aún falta madurez para ver que un referéndum no divide»

Alfonso González, Doctor y profesor de Derecho Internacional Público y de Relaciones Internacionales en la URV, critica que el independentismo no haya sabido «hacer un análisis correcto tras el 1-O para cambiar o adaptar su estrategia» y sostiene que «no tenía la capacidad suficiente para la unilateralidad»

| Actualizado a 02 octubre 2022 07:00
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¿Para qué sirvió el 1-O?

Para demostrar que había una parte mayoritaria de la ciudadanía de Catalunya que quería votar en un referéndum. Y para demostrar que los diversos poderes del Estado no estaban dispuestos a ello, y sí a utilizar cualquier medio para impedirlo, como el uso de la fuerza.

¿Se lo esperaba?

Se podría prever que utilizarían los medios a su alcance, pero que respetarían la legalidad vigente, incluyendo los estándares de las policías en los estados democráticos. Se vio que la actuación fue claramente desproporcionada, y eso lo dijeron las fuerzas políticas catalanas pero también destacados miembros de organizaciones internacionales y de defensa de los derechos humanos.

¿Cómo pasará a la historia el 1-O?

Depende del desenlace. Si llega la independencia será un precedente y, si no, quedará en el marco de una manifestación mayoritaria a favor de decidir sobre la independencia de su territorio.

¿Cómo se percibió desde el extranjero?

Hay dos tipos de percepciones. Por un lado están las oficiales de los estados, que ven la cuestión como un asunto interno, y no se manifiestan sobre la base del principio de no injerencia. Pero también se vio la reacción de responsables en materia de derechos humanos, de políticos de diversos estados, sobre todo parlamentarios, o tímidamente de algún representante de algún gobierno que pedían al Estado una solución dialogada. Hubo una percepción clara de que el Gobierno no había gestionado todo eso correctamente.

Haga autocrítica.

No hay un manual ni un procedimiento establecido. Hay maneras de llegar. El independentismo seguramente no ha sabido hacer un análisis correcto de la situación para poder cambiar o adaptar la estrategia a la nueva realidad que se produce tras el 1-O, pensando en si puede tener los apoyos internacionales para su causa o si realmente goza de suficiente fuerza como para alcanzarlo. Tienes que trabajar en esa doble perspectiva cuando no tienes suficiente fuerza interna ni apoyo exterior.

Pero depende mucho del talante del Estado de enfrente.

Si analizas los diversos procesos de independencia históricos, en la mayoría de casos se va contra la voluntad del Estado predecesor. Es una situación de facto. Las autoridades independentistas al final consiguen tener el poder sobre el territorio de manera efectiva. Eso hace que sea posible alcanzar la independencia, sin tener en cuenta el papel del Estado o la oposición que pueda hacer.

¿La solución es un referéndum pactado?

En los países de democracia liberal como Canadá o Reino Unido, el Estado ha encontrado la manera de vehicular una solución a este tipo de demanda que es a través de la convocatoria de un referéndum. Si este es el modelo, y nuestro país también es una democracia liberal, lo que sería óptimo es que en España se hicieran las reformas oportunas, desde el punto de vista legal e institucional para permitir un referéndum.

«El 1-O y lo que vino luego demostró que el independentismo aún no tenía la capacidad para imponer su voluntad unilateralmente»

¿Cómo se consigue eso?

Si tú no tienes la fuerza real, un apoyo claro e inequívoco de una mayoría notable de la población y no tienes la capacidad para tener todos los mecanismos para ejercer el poder sobre el territorio, no puedes asumirlo de manera unilateral.

¿Entonces?

Cuando hay un conflicto que se enquista lo mejor es utilizar las herramientas que la democracia te puede dar. Y esas son las herramientas homologadas que se usaron en el Reino Unido y en Escocia. Y allí no hubo una ruptura, no fue ningún trauma para la población. Fue una muestra de que un referéndum no divide. Se vota, y se sigue hacia adelante.

¿Es factible y realista llegar a ese escenario en España?

Como jurista, debe ser posible. La convocatoria de un referéndum es ineludible para lograr la independencia en un estado democrático. Y si el Estado se niega a hacer las modificaciones legales pertinentes, los independentistas pueden alcanzar las herramientas mediante un apoyo muy mayoritario. Entonces, la realidad histórica nos demuestra que una declaración de independencia sería efectiva.

Pero aquí había una mayoría independentista, al menos en diputados, un Govern con esa idea y un control en el Parlament. ¿No era suficiente? ¿Cuál debe ser esa mayoría?

Tienes que calibrar si con el apoyo que se tiene se puede sustentar la independencia. Eso lo tienen que calibrar las fuerzas políticas. Uno tiene que analizar si estos votos que obtienes en unas elecciones representan la mayoría de la población de Catalunya. Si votara el 100% de la población tendrías una fotografía bastante exacta. Hay que plantearse una cosa. ¿La mayoría en unas elecciones refleja la mayoría real de una población? Si quieres hacerlo de manera unilateral tienes que ser realista.

«En Reino Unido y Canadá votar fue una herramienta homologada y no fue ningún trauma para la población»

¿Y si el otro lado no quiere negociar?

En una sociedad democrática las fuerzas políticas tienen que agotar todas vías de negociación. Es más: están obligadas a ello. Quien quiera dar un paso saltándose eso no tendrá el reconocimiento internacional.

¿El 1-O hizo descartar las vías unilaterales?

El 1-O y lo que vino luego demostró que las fuerzas independentistas aún no tenían la capacidad suficiente para imponer unilateralmente su voluntad.

¿No depende más de quién gobierne en Madrid que de lo que ocurra en Catalunya?

La voluntad negociadora se demuestra con los hechos. Yo personalmente tengo dudas del grado de madurez democrática. Son negociaciones muy largas. La parte de Estado no quiere que haya independencia y la parte del Govern sí. Y eso pasa por ir superando varias fases que tienen que ver con el reconocimiento de que haya un conflicto. Y, a partir de ahí, se pueden plantear las soluciones y se puede hablar de todo. Hay que encontrar una solución que satisfaga a todas las partes y eso pasa por permitir a la población del territorio votar. Eso reforzará la democracia.

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