Dolor y gloria (Nàstic 2-1 Castellón)

Joan Oriol y Javier Bonilla remontan el gol de Manu Sánchez en un encuentro en el que Castellón brilló con balón, pero el Nàstic supo sufrir y tiró de pegada

| Actualizado a 19 noviembre 2022 19:02
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Últimamente en el fútbol se le da demasiada importancia a las flechitas y poco a la estadísticas. Que sí, que está bien jugar bonito, pero también lo es saber jugar tus cartas. El Castellón dominó con el balón, tuvo ocasiones, pero le faltó colmillo. El Nàstic supo resistir, defenderse y clavó dos de las tres ocasiones claras de las que gozó. Una en una acción de delirio de Joan Oriol y la otra en una estrategia que Bonilla culminó como solo su zurda podría ser. Un triunfo de prestigio. Un golpe en la mesa. Tocó sufrir para después vencer. Los de Raül Agné asaltan al play off.

Comenta siempre Raül Agné que es un devoto de los equipos identitarios y de los partidos ordenados. A lo primero responde perfectamente el Castellón, a lo segundo en nada. El equipo orellut planteó un duelo a tumba abierta desde el primer instante. Un correcalles infernal en el que el alambre andaba cerca para los dos equipos. Es un líder que juega con el desasosiego de un equipo de la zona media. No contempla, va con todo, como si los puntos fuesen un simple decorado.

El Castellón compareció en el Nou Estadi sin complejos con Fabrizio llevando la voz cantante. No dejó indiferente a nadie. A los suyos los siguió enamorando, a los granas los atemorizó desde un primer momento. Fue un torbellino que junto con Kochorashvili en la otra banda hizo el campo anchísimo.

Durante los primeros minutos no hubo tregua. Ambos conjuntos salieron impetuosos y en un clima de partido que le interesaba más al Castellón, pero el Nàstic fue al duelo a rostro descubierto porque no contempla verse pequeño en su feudo. Los dos tuvieron la oportunidad de adelantarse en el marcador, pero desperdiciaron dos ocasiones clarísimas.

La primera fue para el Castellón y la generó Fabrizio. Fue todo potencia por el costado izquierdo, arrancó y ventiló rivales. Dejó solo a Pablo Hernández en el punto de penalti. El capitán orellut lo tenía todo para marcar, pero los genios también fallan. La tiró fuera con Manu contemplando ya la escena del crimen. Dio alas a un Nou Estadi que ya se veía por debajo en el marcador.

Solo tardó cinco minutos en responder el Nàstic. El conjunto grana encontró la grieta en la ruleta rusa del Castellón, pero malgastó la bala. Pablo Fernández lo hizo todo, pero se volvió a nublar en esa parte en la que no termina de hacer justicia al resto de su fútbol. El delantero asturiano se desbocó con el balón y se marchó solo tras dejar en la nada al defensa del Castellón. Podía definir o esperar a Guillermo que llegaba ya saboreando su quinto gol. Decidió lo segundo, pero ejecutó mal. El pase fue largo para desespero de todos. La jugada siguió y Robert Simón le pegó con la zurda en la frontal, pero no encontró el larguero de milagro. Aquello fue un aviso, pero debió ser mucho más.

Aquella ocasión no soltó al Nàstic, más bien le hizo tomar consciencia de lo que había delante. Intentó meterle pausa al partido, pero es que es complicado hacerlo ante un equipo que recupera rápido el balón y te mueve sin él, aunque no especula. El resultado fue un conjunto grana incómodo y un Castellón que desplegaba su juego con confianza.

El Nàstic andaba metido de lleno en ese ejercicio de resistencia que tantas veces ha bordado. El Castellón tenía el control, pero lo cierto es que había dejado de llegar de manera limpia a los metros finales. El premio lo encontró en el 40’ en una jugada en la que no se intuía ese devenir. Manu Sánchez colocó un centro que sobrevoló mucho tanto que sorprendió a todos, incluido a Manu García. La moneda cayó de cara para el bando visitante porque el cuero se coló dentro de la portería para sorpresa de todos. El lateral lo celebró con la incredulidad por bandera, pero da lo mismo porque en el fútbol cuenta si entra y no cómo lo hace.

Si el gol del Castellón había tenido la suerte como esencia, el del empate del Nàstic tuvo la belleza y también lo protagonizó otro lateral. Cuando la primera parte ya se daba por terminada, Joan Oriol se inventó una obre de arte de la nada. Cogió el pincel y su mente se marchó al Louvre porque semejante gol debería ser expuesto allí. El carrilero recuperó el cuero, sorteó rivales tirando de cintura y talento y clavó el disparo al palo largo. El cambrilense juega con la confianza del talento y los años. Una mezcla explosiva que le hace ser más que un lateral. Es el mejor de la categoría, pero es que sería injusto encasillarse solo en ese rol. El 1-1 al descanso podía no ser justo por lo visto en el desarrollo del juego, pero en cuanto ocasiones ambos habían gozado de dos clarísimas y habían clavado una.

La segunda parte tuvo un inicio calcado al de la primera con un Castellón desbocado que salió en tromba. Otra vez apuntó directo a la portería del Nàstic, pero le volvió a faltar malicia en los metros finales. Primero la tuvo Raúl Sánchez en un mano a mano en el que aprovechó un fallo en el despeje de Josema, es humano. El delantero quiso superar a Manu García, pero el sevillano sacó el pie derecho. Otra parada salvadora.

El encuentro volvía a estar en una zona de riesgo para un conjunto grana que solo podía arroparse en el traje de supervivencia. De hecho, se centró tanto en defenderse sin balón que se le olvidó la pausa con él. Fabrizio tuvo otra clarísima en el minuto 61 similar a la que él antes le había servido a Pablo Hernández en la primera mitad. Al igual que su capitán la lanzó fuera en el punto de penalti y le perdonó la vida a un Nàstic que si algo sabe es revivir.

La resurrección llegó en el banquillo y con los cambios de un Raül Agné que esperó y jugó sus cartas ganadoras en la recta final. Cambió las alas y metió a Maurizio Pochettino y Javier Bonilla para la agonía. El primero sacó una falta lateral y el segundo clavó la daga en el corazón orellut. Otra vez que la zurda del soriano produce. Su envío se envenenó tanto que se terminó metiendo por el palo largo de la portería de Alfonso Pastor. Desató la locura en un Nou Estadi que ha vuelto a sumergirse en ese territorio ganador. Cuatro victorias seguidas en casa que permiten a los granas dormir en play off. Las vueltas que da la vida.

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