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Eres viejo cuando dices ‘me siento joven’

La vida no es como es, sino como te la tomas. No consiste en resignarse pasivamente, sino en aceptar y gestionar lo que te pase sin querer mientras esperas que te pase lo que quieres

| Actualizado a 10 noviembre 2022 07:00
Lluís Amiguet
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La vejez empieza el día que dices «me siento joven»; es un viaje tan irremediable como inesperado por mucho que te digan que llegará; solo deja de resultar insoportable cuando consideras la alternativa. Ser anciano es ser extranjero en el presente.

Y como un turista en su propia memoria doy vueltas a las mejores ideas, como estas de Rodrigo Cortés ayer, en estos 25 años que llevo transportando para ustedes. Es un ejercicio que me han propuesto Rosa y María Anguita, promotoras del TEDTalk de este sábado en Sitges. Se trata de subir a un escenario ante unas 200 personas y hablar, durante 18 minutos, sin más ayuda que tus manos que se agitan como aspas ante la angustia del vacío.

Salgo a escena con un tarrito y voy dejando caer gotitas sobre las tablas mientras me presento como transportista de ideas. La primera es que somos animales evolucionados, algunos más que otros, y nos tranquiliza marcar territorio. Como los perritos. En el frasco hay gotas de mi propia micción que me relaja dejar caer, según consejo de Jodorowsky.

Después explico las categorías de langosta de Jordan Peterson: en ese mismo cerebro reptil que nos hace marcar territorio reside el de las langostas que nos precedieron, seres jerarquizados en 12 categorías: cuando una langosta nivel 1 se encuentra, por ejemplo, con una nivel 3, se pelean. Si pierde la nivel 3 se retira a un rincón y... ¡Zas! Hace estallar su cerebro y lo reconfigura como uno de nivel inferior. Si se fijan, verán langostas cada día en su trabajo.

Eso es evolución, pero, ¿qué es progreso? Consiste en dos círculos. El primero es el científico: nuestros ancestros nacían por casualidad, vivían por instinto y morían cuando les tocaba. Nosotros podemos elegir cuántos hijos tenemos y cuándo. Y eso es progreso tecnológico, ensanchar nuestra capacidad de decidir.

Algunos piensan que nos ha llevado desde la nada a la más absoluta de las miserias. Pero si pensamos en que el siglo pasado aún había poblaciones caníbales, tal vez hayamos progresado. El progreso moral empieza cuando dejamos de devorar a la familia; luego a los de la tribu, paisanos, animales domésticos... Salvajes, que hoy protegemos con leyes... Ensanchando el Círculo Universal de la Compasión que ya Darwin predijo que algún día incluiría a todos los seres vivos.

Mientras tanto, la vida no tiene más sentido que el que cada uno de nosotros sepa darle. Y esta lotería cotidiana resulta apasionante, porque nadie es tan viejo para no poder vivir un día más ni tan joven para no morirse ahora... El guion de nuestra vida lo escribimos a cada instante. Y mejora cuando escuchamos, porque nadie tiene toda la verdad, pero todos tenemos un poquito.

Y así le llegará la melodía que inició Marco Aurelio hace 2.000 años con los primeros estoicos que descubrían que la vida no es como es, sino como te la tomas. No consiste en resignarse pasivamente, sino en aceptar y gestionar lo que te pase sin querer mientras esperas que te pase lo que quieres.

Así nos haremos viejos, que consiste en empeorar en todo excepto en que te importe menos lo que empeora. Eso es madurar. La buena noticia es que las encuestas de bienestar en todos los países dicen ser más felices después de los 60. Los hijos ya no dependen de ti y has aprendido a vivir con lo que tienes. Y entrevistando me han descubierto que el mejor antiaging es la curiosidad universal. Creer saber envejece; querer saber rejuvenece.

¿Y la felicidad? Son solo momentitos, amigos, pero mejoran cuando no tienes jefes y puedes ir caminando a trabajar.

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