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    Proyectos se ralentizan en Reus por el encarecimiento de materiales

    Los gremios de la construcción y de ebanistas dicen que reanudar según qué obras ha implicado sustituir materiales

    18 febrero 2023 21:31 | Actualizado a 19 febrero 2023 07:00
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    La falta de suministros y el incremento del precio de los materiales de construcción ralentizan el avance de proyectos en la ciudad. Los gremios de la construcción y de ebanistas sortean la situación «como podemos». Incluso ha habido licitaciones que no han prosperado por falta de suministros, a causa de la guerra de Ucrania.

    El proyecto de la recuperación de la Bassa Nova y su entorno inmediato es un ejemplo de concurso declarado desierto en su primera convocatoria –como dijo el alcalde Pellicer, este pasado enero–, «por el encarecimiento de los materiales». El sector «está pasando por un momento complicado y de mucho trabajo». Aunque más lentamente, la rehabilitación que colinda con el Passeig de la Boca de la Mina sigue adelante: esta misma semana, la recuperación de la Bassa Nova volvía a salir a concurso.

    «Es evidente que con el incremento de precios, todos los sectores han salido perjudicados, porque influye en todo, ya sea en la energía o en la disposición de un material determinado. El precio puede haber aumentado, en algunos casos, hasta un 30%. Claramente, todo ha subido de precio, y embarcarse en un proyecto ahora es algo más complicado, especialmente para las empresas grandes, que suelen trabajar en proyectos de mayor envergadura y a largo plazo», expresa el vicepresidente del Gremi de Fusters de Reus y comarca, Albert Giró.

    Los talleres de ebanistería medianos y pequeños, prosigue Giró, «suponen el grueso de nuestros agremiados, y éstos asumen encargos a dos meses vista, con lo que la tarea avanza relativamente rápido». Desde el Gremi de Fusters informan a sus agremiados de la actualidad que repercute al sector, a través de mails y reuniones. «Ahora, es muy importante estar al lado de los integrantes del gremio», reconoce el vicepresidente.

    Por su parte, el presidente del Gremi de la Construcció del Baix Camp, Antoni Sentís, resume que «la parte más dura fue a principios del año pasado, porque muchas obras se detuvieron obligatoriamente, y desde hace una temporada, unos seis meses aproximadamente, la subida de precios se ha mantenido, está alta, pero no sube más».

    Sentís describe que retomar los proyectos ha significado, en algunos casos, «tener que trabajar con otros materiales, sustituirlos por otros de calidades y características similares» y también pone de relieve que, el sector de la construcción suele trabajar «a un año vista». Por eso, «tenemos cierto margen a la hora de adaptar cosas, si el calendario cambia». Preguntado por el futuro, el presidente del Gremi de la Construcció determina que «muy bueno no es», porque «el precio del dinero se encarecerá aún más en un futuro inmediato, y muchos proyectos seguirán parados».

    «La unión hace la fuerza»

    Estar agremiado, remarca Sentís, ofrece cierta seguridad a sus miembros, porque «estás representado de cara la administración y dispones de un servicio de asesoramiento y de peritaje».

    Ahora mismo, el gremio cuenta con 150 empresas agremiadas, «las hay de todo tipo», y pertenecer a la agrupación «siempre te permite compartir situaciones con otros profesionales y encontrar soluciones, la unión hace la fuerza».

    «Tenemos en cuenta, por otro lado, que la administración local está trabajando en paliar esta situación», distingue Sentís. Se refiere al plan de impulso económico y social que hay proyectado para ayudar a la ciudadanía y a las empresas para hacer frente a la inflación, con una inyección de 2,4 millones de euros. Esta aportación económica tiene como objetivo, entre otros, apoyar al sector de la construcción sostenible y energéticamente eficiente.

    En otro orden de cosas, ha habido proyectos estratégicos de ciudad, que por culpa de la crisis global de suministros, han tenido que ponerse en marcha más tarde de lo que el gobierno esperaba. Es un ejemplo, el servicio de bicicleta compartida, cuyas licitaciones relacionadas con el suministro de las propias bicicletas, quedaron desiertas dos veces, y pasó lo mismo con la licitación de la obra pública de los sistemas de estaciones y anclajes del sistema. Sea como fuere, las licitaciones volvieron a salir a concurso, y el viernes pasado el pleno municipal aprobó el proyecto y el reglamento del servicio de bicicleta pública compartida.

    Retardos y esperas

    Los retardos en los inicios de obra para la peatonalización del arrabal de Santa Anna es otro ejemplo, también producido a causa de la falta de materiales. Algo que, en algunos momentos de su evolución, causó el malestar de algunos comerciantes, además, que convivían con las obras. La crisis ha condicionado, entonces, desde proyectos ya licitados, hasta otros cuyos concursos quedaron desiertos y han tenido que volverse a licitar.

    Otros proyectos, por otro lado, dependen de ayudas europeas, como el de Rehabilitem l’Estel, en cuyo caso –apuntó días atrás uno de sus impulsores, el presidente de la cooperativa de vivienda justa y social Llars Familiars, Josep Moreno– «no sabemos cuánto se encarecerá compra de materiales».

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